Estudios de Clínica del Adolescente del Hospital de Niños encienden alerta

Por: Irene Rodríguez 12 agosto, 2014

Los adolescentes costarricenses que no fuman están en alto riesgo de incurrir en el vicio o al menos de probarlo, pues conseguir cigarrillos les resulta sumamente fácil, sobre todo en las zonas rurales del país.

Pulperías que se hacen de la vista gorda y hermanos o amigos mayores que les compran las cajetillas, son algunos de los recursos con que cuentan los jóvenes para poder fumar.

Por otra parte, quienes ya están en el vicio y lo desarrollaron a edades tempranas, tienen mayores dificultades para dejarlo.

Estas son conclusiones de un estudio de la Clínica del Adolescente del Hospital de Niños.

El reporte también encontró que hay otros factores que motivan al riesgo. Dentro de estos, se menciona el tener dentro del núcleo familiar a un fumador.

Por un lado, esto se debe a que hay factores genéticos que predisponen a una persona a fumar. Por otro, el ver que se fuma dentro del hogar, hace que el adolescente lo considere algo natural que no tiene mayores consecuencias.

“Hay permisividad en algunos hogares, en la sociedad y en los colegios; esto hace que sea más sencillo”, cita el reporte.

El uso de tabaco durante la adolescencia hace que el vicio se afiance más rápido. Además, a estas edades es mayor el riesgo de desarrollar problemas en los pulmones, porque dicho órgano no ha alcanzado todavía su maduración completa. | ARCHIVO
El uso de tabaco durante la adolescencia hace que el vicio se afiance más rápido. Además, a estas edades es mayor el riesgo de desarrollar problemas en los pulmones, porque dicho órgano no ha alcanzado todavía su maduración completa. | ARCHIVO

El estudio. La investigación se hizo para determinar factores de riesgo para el consumo de sustancias ilícitas o para la violencia.

Para reunir la información, se hicieron 28 talleres (siete en San José y tres o cuatro en cada una de las otras provincias) con un mínimo de 15 jóvenes de entre 10 y 20 años, de zonas urbanas, rurales e indígenas, que estuvieran o no integrados al sistema educativo.

Se dividió a la población en dos grupos según su edad: de 10 a 12 años y de 13 a 20. A través de juegos y dinámicas, se les pidió su opinión y se les consultó por sus experiencias con sustancias ilícitas, violencia y sexualidad.

Un equipo de pediatras, un psicólogo clínico, una enfermera, una nutricionista y una trabajadora social analizaron las respuestas. “Muchas veces, las situaciones de drogas, violencia y contactos sexuales son manifestaciones de problemas más complejos en las familias. Algunos jóvenes caen porque no tienen amplia comunicación cara a cara con sus padres o hermanos, y esto hace que sean vulnerables”, comentó Orlando Urroz, director del Hospital de Niños.

Relación con la marihuana. Un estudio anterior de la Clínica del Adolescente reveló que el uso de tabaco entre los colegiales de la Gran Área Metropolitana (GAM) bajó más de la tercera parte entre el 2006 y el 2013. Sin embargo, en esos mismos años, el consumo de marihuana en esta población aumentó considerablemente.

La cifra de quienes han consumido marihuana subió del 1% en 1991 al 15% en el 2013.

“Es preocupante. Muchos jóvenes dan el pretexto de que la marihuana es natural y menos dañina que el tabaco. Lo cierto es que no podemos hablar de uso recreacional de marihuana antes de los 25 años. Un cerebro adolescente no está desarrollado del todo, por lo que la afectación es mayor”, enfatizó Alberto Morales, director de la Clínica del Adolescente. Esta clínica buscar hacer más estudios e implementar programas para acabar con los vicios en los jóvenes.