Por: Irene Rodríguez 12 abril, 2015

El cerebro de una persona con anorexia no reacciona o lo hace de forma diferente ante el hambre o apetito. Así lo señala un estudio de la Universidad de San Diego, EE. UU, en la revista Biological Psychiatry.

La anorexia es un trastorno alimentario en el cual el paciente se obsesiona con la delgadez y se somete a ayunos y ejercicios extenuantes para bajar de peso.

“Cuando la mayoría de personas tiene hambre, se ven motivadas a comer”, dijo en un comunicado de prensa Christina Wierenga, psicóloga y nutricionista de la Universidad de San Diego, quien lideró la investigación.

“En los anoréxicos no es así. Deseábamos identificar los mecanismos cerebrales que podrían contribuir a su capacidad de ignorar las recompensas, como el hambre”, añadió.

Personas con anorexia se obesionan con la delgadez, al punto de no comer para conseguir su objetivo. | ARCHIVO
Personas con anorexia se obesionan con la delgadez, al punto de no comer para conseguir su objetivo. | ARCHIVO

Para ello, tomaron en cuenta a un grupo de 100 mujeres, de las cuales la mitad no había sufrido anorexia y la otra mitad la sufría o la padeció en algún momento de su vida.

A todas se les sometió a escaneos cerebrales en diferentes momentos del día.

“Las mujeres con anorexia mostraban una respuesta más baja a la recompensa, incluso cuando tenían hambre. Es lo contrario que las mujeres sanas sin un trastorno de la alimentación, que mostraron una mayor sensibilidad a las recompensas cuando tenían hambre”, comentó Wierenga.

Esto pone en evidencia las diferentes respuestas.

“Nuestro estudio sugiere que las diferencias en el circuito cerebral en los anoréxicos les hace menos sensibles a la recompensa y al impulso motivador del hambre. El hambre no les motiva a comer”, comentó en el comunicado Walter Kaye, uno de los investigadores.

Los científicos también observaron diferencias en áreas del cerebro importantes para el autocontrol, entre quienes se recuperaron de la anorexia. Esto significa que los paciente con anorexia podrían tener mayor autocontrol que quienes no sufren del trastorno.