Por: Irene Rodríguez 26 octubre, 2013

Costa Rica vio su último caso de cólera en 1997, pero aquí no es una enfermedad ajena: ya dos veces ha sorprendido con epidemias a los costarricenses.

La primera vez fue en 1856, en plena Campaña Nacional contra los filibusteros. La historiadora Ana María Botey , estudió el tema y publicó el ensayo La epidemia del cólera (1856) en Costa Rica: una visión de largo plazo .

Botey narra que este mal surgió en el ejército y de allí se propagó, y causó la muerte de entre el 8% y 10% de la población nacional de ese entonces.

“Los factores de la propagación son la permanencia de soldados dentro de espacios reducidos por largas horas, consumo de agua y alimentos contaminados y la ausencia de una inmunidad previa, pues era la primera vez que estaban en contacto con la enfermedad”, cita el texto.

Casi 150 años después, una epidemia en Centroamérica hizo que el cólera llegara de nuevo a territorio tico.

Datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) revelan que Costa Rica fue el país con menos casos (107), mientras que Guatemala el que más enfermos registró: 85.793.

A diferencia de otros países, Costa Rica se preparó con protocolos de atención, análisis de aguas y campañas de comunicación desde 1991, y el primer caso apareció dos años después. La acción de las autoridades hizo que aquí solo muriera una persona, en 1996, mientras que en Guatemala hubo más de 5.000.

“La clave fue actuar desde mucho antes, por eso la enfermedad no golpeó tanto”, afirmó Darner Mora, director del Laboratorio Nacional de Aguas, quien trabajó en 1993.