En Costa Rica se desperdician, anualmente, 5.000 toneladas de comida. Aprenda a ‘sacarle el jugo’ a lo adquirido para no tener que botarlo

Por: Monserrath Vargas L. 27 junio, 2015

El corazón de la piña y su cáscara pueden aprovecharse para hacer deliciosas recetas. También el culantro, el apio y otros productos que suelen “desmayarse” y perderse en la refrigeradora podrían tener una vida útil más prolongada.

Aprender a “sacarles el jugo” a frutas y verduras que llegan hasta su hogar, le ayudará a aliviar el bolsillo y también a contribuir con el medio ambiente. Así lo aseguran Carlos Rodríguez y Fabiola Fuentes, chefs de Unilever.

En Costa Rica, cerca de un 40% de los alimentos se desperdician o desechan, debido al mal almacenaje o por no ser consumidos a tiempo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), esto equivale aproximadamente a 5.000 toneladas de desechos al año.

Para poner freno al despilfarro, usted puede utilizar las cáscaras de frutas como la piña para hacer refresco; por ejemplo, piña con arroz.

Aproveche hasta el último bocado
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“Quizá porque tenemos mucha de esta fruta en el país y porque somos exportadores, hemos visto esa cáscara como un desecho y nos hemos olvidado que se puede utilizar”, resaltó Rodríguez.

Otro consejo para quienes suelen desechar el corazón de esta fruta –porque les irrita la lengua– es emplear el extractor de jugos. Este aparato destruye la parte sólida de la piña que causa ese efecto y permite desperdiciar menos.

“En mi caso, si compro fruta, para tener variedad, la divido; una parte la dejo para consumo directo y la otra, la congelo. Luego, lo que metí en el congelador lo uso para licuados o jugos”, resaltó la chef mexicana Fabiola Fuentes.

Carlos Rodríguez, por su parte, recordó que las frutas, aquí en el trópico, no deberían estar en la nevera, pero si se sabe que no se van a utilizar en varios días, lo mejor es congelarlas ya licuadas.

Hortalizas como el apio, el cebollino, el culantro y otros productos verdes pueden rescatarse y convertirse en aderezo. “Yo mezclo aceite de oliva, ajo, pimienta y sal, con esas hojas que están a punto de dañarse o las lechugas que ya no se ven tan frescas, les agrego algo nuevo, como albahaca, y lo licuo todo. Eso puede ponérsele como aderezo a las ensaladas o usarse para acompañar una carne”, ejemplificó Rodríguez.

Según el chef, lo mismo se puede hacer con la mayonesa, pues tanto esta como el aceite de oliva contribuyen a prolongar la vida útil de los alimentos.

De esas dos opciones, Rodríguez prefiere usar la mayonesa pues ya tiene sabor. “Cualquier cosa que usted le agregue, va a saber rico”, comentó.

Si usted suele comprar hierbas frescas y ve que están a punto de dañarse en el refrigerador, la recomendación es sacarlas y ponerlas sobre una bandeja, para dejar que se deshidraten y no se pudran.

Aliados. Los chefs coinciden en que, en la casa, sus mejores amigos contra el desperdicio son el congelador, la licuadora, el extractor de jugos y las bolsas con cierre hermético.

Este tipo de bolsas plásticas le permiten ver con facilidad su contenido.

Los expertos recomiendan utilizarlas para guardar alimentos pero con la debida rotulación: apunte en ellas la fecha en que fueron congeladas o almacenadas.

Los anteriores son simples consejos para alargarles la vida a los productos comestibles. No obstante, una de las principales herramientas contra el desperdicio es la planificación. “Tanto en un hotel, restaurante o en casa, las personas deberían invertir cinco o 10 minutos para pensar: ¿Voy a estar o no voy a estar en casa?, ¿quiénes vamos a comer?, ¿cuántas veces vamos a comer? Y de esas respuestas se parte para hacer la compra”, razonó Fabiola Fuentes.

Seguir este tipo de recomendaciones sí tiene impacto y hace la diferencia, asegura Rodríguez. “En mi casa somos dos, y con solo planificar, bajamos en un 30% los gastos. Al final, no solo ahorro en comida, estoy ayudando al ambiente y ahorrando plata”, sostuvo.

Como dice Fuentes, se trata de echar a volar la imaginación, llevar la creatividad al máximo y buscar formas de aprovechar los ingredientes que suelen botarse a la basura.

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