Por: Irene Rodríguez 14 enero, 2015

La forma en que los adultos toman la entrada a clases de los más pequeños de casa repercute en cómo los niños, e incluso los adolescentes, enfrentan el tema de regreso a las aulas.

“Uno lo ve mucho en las mamás que van a dejar al chiquito por primera vez a preescolar. El niño va tranquilo, pero la señora se pone a llorar y eso hace que el niño se sienta inseguro y llore también. La mamá debe estar segura de que está dejando a su hijo en buenas manos”, manifestó la psicóloga y educadora Allison Boza.

Para la especialista, este fenómeno no solo se ve con los menores, ya que a niveles escolares son los mismos padres quienes transmiten inseguridad y hasta miedo a sus hijos, especialmente en época de exámenes.

Sarah Ruiz ya tiene listo su rincón de estudio. | GABRIELA TÉLLEZ
Sarah Ruiz ya tiene listo su rincón de estudio. | GABRIELA TÉLLEZ

“Está bien que queramos hacerlos estudiar, pero eso no lo logramos si les metemos miedo con el propósito de ser más estrictos en el cumplimiento de tareas y estudio, más bien se ponen peor”, aseguró Boza.

Según Lilliam Mena, madre de dos hijas que irán este año a materno y quinto grado, la apatía que muchos progenitores muestran hacia el estudio es lo que provoca que los pequeños no quieran volver a las aulas.

“Si ellos están oyendo ‘qué pereza’, ‘eso es aburrido’ y cosas similares, ¿cómo van a motivarse? Más bien la entrada a clases es una oportunidad para que uno repase lo que vio hace años, y hasta para comparar lo que se veía cuando uno estaba en la escuela y lo que se ve ahora”, resaltó Mena.