Instalación en ruta 27 forma parte de la campaña impulsada por Preserve Planet

Por: Michelle Soto 15 abril, 2015
La valla forma parte de la campaña “La verdad siempre sale a flote, reciclar no es suficiente”. | CORTESÍA DE POP UP COMUNICACIÓN
La valla forma parte de la campaña “La verdad siempre sale a flote, reciclar no es suficiente”. | CORTESÍA DE POP UP COMUNICACIÓN

En la ruta 27, a la altura de Santa Ana, una valla sobresale porque exhibe una gran cantidad de botellas atrapadas en una red; de fondo, se lee la frase: La verdad siempre sale a flote.

La instalación es obra del artista Francesco Bracci, quien utilizó unos 3.500 envases para representar los 55 metros cúbicos de plástico que usa, en promedio, una familia tica de cuatro o cinco personas en el lapso de un año.

Esta valla forma parte de la campaña La verdad siempre sale a flote, reciclar no es suficiente , impulsada por la organización Preserve Planet.

“Esta iniciativa pretende que cada día las personas consuman menos botellas y bolsas de plástico y en su lugar utilicen soluciones más sostenibles y ecológicamente responsables, como botellas de vidrio (mejor si son retornables), de aluminio o acero inoxidable para almacenar el agua y bolsas de tela para cargar los objetos”, dijo Luis Diego Marín, coordinador regional del grupo ambientalista.

El objetivo de colocar el aviso en esa carretera, que conecta San José con el puerto de Caldera, es concientizar a quienes se desplazan hacia las playas del Pacífico, ya que mucho del plástico desechado termina en ambientes marinos, debido a que los ríos arrastran estos residuos hasta su desembocadura.

“La mayoría de las personas no están conscientes de adónde van a parar nuestros desechos, ni sabe distinguir entre un envase reciclable y uno reutilizable. Por otro lado, tratar de reciclar el plástico (obtener una botella nueva de otra usada) resulta caro y difícil en lo técnico y lo logístico”, manifestó Marín.

Consumo de plástico. Marín explicó que la cifra de 3.500 botellas resultó de dividir la cantidad de materia prima tipo PET que importó el país en el 2013, entre la cifra de familias, de cuatro o cinco miembros, que viven en el país, de acuerdo con el Censo del 2011.

En este sentido, y según datos de Preserve Planet, los costarricenses consumen aproximadamente 622 millones de botellas plásticas al año.

De esos envases, cerca de 560 millones terminan como basura, ya que solo el 12,95% de estos residuos plásticos son reciclados.

Una botella plástica demora 1.000 años en degradarse, según la organización internacional Plastic Pollution Coalition.

“Eso quiere decir que aún convivimos con los primeros plásticos”, señaló Marín.

Asimismo, el plástico que termina en mares y océanos causa la muerte de especies que lo comen, como aves y mamíferos marinos, peces y reptiles.

Solo en las jornadas de limpieza de playas del 2014, los voluntarios extrajeron 97,24 toneladas de residuos sólidos.

Unas 3,15 toneladas eran residuos valorizables, es decir, aún se podían reutilizar o reciclar.