Aparte de la cantidad, la calidad del recurso también está amenazada

Por: Michelle Soto 22 marzo, 2016
La contaminación de los ríos, como el Torres, incide en el ciclo hidrológico y eso, a la larga, afectará la cantidad y calidad del agua disponible para consumo humano. | GABRIELA TÉLLEZ
La contaminación de los ríos, como el Torres, incide en el ciclo hidrológico y eso, a la larga, afectará la cantidad y calidad del agua disponible para consumo humano. | GABRIELA TÉLLEZ

Si en estos momentos cientos de personas sufren por los recortes de agua, la situación podría empeorar para el 2020, debido a la influencia del cambio climático, el deterioro ambiental y el crecimiento demográfico.

Costa Rica pasó de disponer, en 1970, de 55.000 metros cúbicos (m³) de este líquido por persona, a solo 30.000 m³ en 1996. La proyección para el 2020 es de apenas 19.000 m³ por habitante; es decir, 65% menos que hace 46 años.

Pero, aparte de la menor cantidad, el recurso hídrico también está amenazado en su calidad.

La alerta la hizo Guillermo Calvo, químico e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), durante la presentación de su libro Ríos: fundamentos sobre su calidad y relación con el entorno socioambiental , publicado recientemente por Editorial Tecnológica de Costa Rica.

Contaminación. “En el país se ha hecho un inventario de oferta hídrica considerando fuentes subterráneas y superficiales, pero sin contemplar la contaminación de los ríos”, comentó Calvo.

Durante dos años, este químico y su equipo tomaron muestras en 10 ríos del país. A cada uno lo dividieron en cuenca alta, media y baja, por lo que se contó con un total de 30 puntos de muestreo.

Para valorar la calidad, los investigadores utilizaron el índice holandés, el cual contempla tres criterios: demanda bioquímica de oxígeno, oxígeno disuelto y nitrógeno amoniacal.

Calvo observó una correlación entre la densidad poblacional y los niveles de contaminación encontrados.

Las zonas con densidad media y alta mostraron niveles de contaminación “severos” y “muy severos” –la escala de medición consta de las siguientes categorías: sin contaminación, incipiente, moderada, severo y muy severo, ordenadas de menor a mayor–.

Como era de suponer, los ríos María Aguilar, Torres y Agres, en zonas urbanas, puntuaron alto en sus cuencas medias y altas. La sorpresa la depararon los ríos Rincón y Tigre, en el Pacífico sur, pues con las lluvias son arrastrados contaminantes desde las partes medias y altas.

Para Calvo, el índice holandés es limitado y por ello recomienda incluir otros indicadores para tener una fotografía más completa de lo que sucede en los cuerpos de agua en el país. El investigador propone medir los fosfatos para evaluar el impacto de las aguas jabonosas; nitratos y amonio para detectar fertilizantes y pesticidas; coliformes fecales (contaminación microbiológica) y la turbiedad.

“Un índice de calidad del agua adecuadamente diseñado es una herramienta conveniente para el análisis de tendencias, nos advierte sobre situaciones particulares del ambiente y también ayuda a los tomadores de decisiones en la evaluación de la efectividad de los programas regulatorios implementados”, resaltó Calvo.

Ciclo. En Costa Rica, el 69% del agua extraída se utiliza en labores agrícolas. “La mitad del agua que se utiliza en el riego es evaporada y transpirada por las plantas; el resto, que se extrae pero no se consume durante este proceso, regresa a los ríos, se infiltra en los suelos y además se almacena en los mantos acuíferos”, pormenorizó el investigador.

Esa infiltración es clave en el balance hídrico y mejora la recarga hídrica.

Por eso, Calvo recomienda los sistemas silvopastoriles (combinación de cultivos o ganado con árboles), ya que estos promueven la infiltración y disminuyen la escorrentía superficial, lo cual favorece la recarga de mantos acuíferos y se evita la erosión.

La industria, por su parte, utiliza el 21% del agua extraída, mientras que 29% es para uso doméstico. El 90% de ese líquido proveniente de las viviendas regresa como agua residual. “El agua retornada usualmente es de inferior calidad en relación con el agua extraída”, detalló Calvo.

El problema de calidad empeora cuando esas aguas residuales no se tratan. En Costa Rica, solo el 4% recibe un tratamiento antes de ser devueltas al río.

La cuenca del Tárcoles, por ejemplo, recibe 3.200 litros de aguas residuales sin tratar, por segundo; es decir, 276 millones de litros diarios.

Los ríos Tárcoles y Reventazón, en cuyos alrededores se asienta el 70% de la población, reciben las aguas residuales sin tratar de las ciudades de San José, Heredia, Alajuela y Cartago.

“La cuenca del río Grande de Tárcoles ha sufrido un grave proceso de deterioro que se refleja en la calidad de su agua. Aunque esta contaminación es superficial, terminará por afectar paulatinamente los cuerpos subterráneos usados en el suministro de agua para consumo humano, debido a la relación intrínseca que existe entre ambas capas de agua”, destacó el químico del ITCR.