Especialistas calcularon que la cantidad de lapas estaba declinando, por lo que trabajaron en la implementación de estrategias de protección

 25 diciembre, 2015
Cada especimen llega a pesar 900 gramos. Viven preferiblemente en zonas costeras.
Cada especimen llega a pesar 900 gramos. Viven preferiblemente en zonas costeras.

Nuestro país protege las lapas rojas o guacamayas por medio de nidos artificiales, así como educando a las comunidades para evitar que saqueen los nidos y comercialicen a los pichones como mascotas.

La iniciativa surgió en los años 90 con un monitoreo de la población que viajaba hacia el Parque Nacional Carara, ubicado en Puntarenas.

Tras una serie de conteos durante años, los especialistas calcularon que la cantidad de aves de esa especie estaba declinando en más de ocho por año, por lo que trabajaron en la implementación de estrategias de protección.

Según los expertos, esta situación se daba por la cacería ilegal de los pichones de lapas rojas en los nidos por los llamados "laperos" , quienes se encargaban de comercializarlos como mascotas y hasta exportarlos.

"Tras cuatro años de hacer conteos nos dimos cuenta que la población estaba bajando y si seguía así, en 10 años iba a ir rumbo a la extinción. En esos años había un mercado enorme hacia Europa y Estados Unidos de más de 300.000 pájaros de diferentes especies principalmente lapas, pericos y loras” , explicó el biólogo de Vida Silvestre, Christopher Vaughan.

El especialista Vaughan fue uno de los pioneros en iniciar estrategias de protección y conservación para tratar de disminuir los impactos negativos en el Pacífico central.

Entre algunas de las propuestas, que se implementaron fue la colocación de nidos artificiales en áreas específicas donde se tiene el conocimiento que de la lapa roja se reproduce.

"Hemos probado de madera, fibra de vidrio, estañones y tubos de 14 pulgadas, pero todavía seguimos intentando. Hemos probado de todo con un éxito relativo. Ahora estamos tratando con otro sistema, que es hacer nidos con motosierra dentro de los árboles” , afirmó Vaughan.

Ésta especie anida en troncos huecos en alturas superiores a los seis metros, prefiriendo los árboles más altos de gallinazo, ceiba o ceibo barrigón.

Uno de los problemas de esta especie es que su característica es ser monogámica y una vez que alcanzan la madurez sexual se emparejan de por vida, por lo cual el éxito reproductivo es bajo.

Actualmente en la localidad de Punta Leona, existen cerca de seis nidos artificiales y cinco naturales, que son los más importantes.

Además, los expertos trabajan en la reintroducción de especímenes que antes estuvieron en cautiverio a su ambiente natural, así como estudiar más su ecología y biología reproductiva para tener herramientas para el manejo y crianza en cautiverio.

También los especialistas han hecho llamados a las comunidades por medio de educación ambiental para impulsar el respeto por esta especie y utilizarla como una atracción turística en sus ambientes naturales y no robar a los pichones de los nidos para su comercialización.

En el año 1995 se creó una asociación para trabajar vigilando los diferentes puntos de reproducción, continuar con la investigación sobre su anidación y hasta colocaron radios a los pichones para saber sobre cómo socializaba con sus padres.

La lapa roja o guacamaya es un ave de intensos colores que puede llegar a medir 79 centímetros de envergadura y tener un peso de hasta 900 gramos.

Además se caracteriza por contar con una larga cola, que gusta a los turistas.

Su color es principalmente rojo y tiene un pico fuerte que le sirve para abrir las duras semillas de que se alimenta.

Su principal alimento son las semillas de árboles como el espabel, almendro, mangle, ginocuabe, ojoche, javillo y ceiba, aunque también puede comer flores, hojas y palitos tiernos y larvas de insectos.

La lapa roja se distribuye actualmente en manglares, bosques secos, húmedos y muy húmedos del Pacífico y el Caribe norte.

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