Especies , como venados, serán reubicadas en centros de rescate

Por: Michelle Soto 9 febrero, 2015

INBioparque cerrará durante un año, después de que el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) lo entregue, oficialmente, el 31 de marzo al Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).

Así lo confirmó Julio Jurado, director del Sinac, ante consulta de La Nación .

Según Jurado, la decisión de clausurarlo, temporalmente, obedeció a que la institución diseña un cartel de licitación para concesionarlo. Se prevé que el documento esté en junio y el proceso podría tardar un año.

“Digo un año para no crear falsas expectativas, podría ser menos tiempo porque el proceso ya se inició”, declaró Jurado.

¿Por qué concesionarlo? Según oficio Sinac-SE-DE-2923 del 2013, el Sinac no cuenta con los recursos para operar el parque, por lo que propuso establecer una alianza estratégica “para efectos de mantener en operación las áreas de uso público tal que se permita mantener el beneficio ecológico social del parque”.

INBio vendió las tierras del parque en abril de 2014 y mientras se definía un nuevo administrador, Sinac le extendió un permiso de uso que vence en marzo.

“Ese fue el periodo que, en ese momento, se consideró necesario para hacer el concurso”, comentó Randall García, director general de INBio.

Según García, y ante el cambio de administrador, INBio deberá despedir a las 32 personas a cargo del parque, sacar equipo e inmobiliario, así como los animales.

Adrián Arroyo , encargado de la finca de INBioparque, aseguró que los 80 animales domésticos “ya tienen casa”. En cambio, los animales silvestres aún no se han cuantificado.

INBio trabaja en un plan para reubicar ranas, reptiles y mamíferos en centros de rescate.

Durante el año en que estará cerrado, Sinac correrá con los gastos de vigilancia y mantenimiento de las instalaciones.

Sobre la compra. INBio se creó en 1989 y pronto necesitó crecer. Según Rodrigo Gámez, su presidente y fundador, al no tener dinero para comprar las tierras aledañas, la organización The Nature Conservancy (TNC) las adquirió e iba vendiéndoselas al INBio, conforme conseguía fondos.

Sin embargo, cuando se decidió crear el INBioparque, el instituto adquirió una deuda con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Si bien el parque es autosuficiente –genera el dinero suficiente para operar–, no producía ganancias para saldar la deuda. Eso los obligó a vender.

“En otros países, parques de esta índole –llámense jardines botánicos, zoológicos o acuarios– que cumplen una función pública, todos tienen un subsidio del Estado”, manifestó Gámez.

Según Gámez, empresas privadas rápidamente se interesaron en la propiedad para desarrollar proyectos inmobiliarios y comerciales.

“Consultamos a las autoridades del Gobierno pasado si le interesaba al Estado continuar con esa labor educativa y nos dijeron que sí”, recordó Gámez.

La Contraloría autorizó, mediante oficio 14.328, la compra de las tierras por ¢4.981 millones para albergar las oficinas de la Dirección Ejecutiva, así como las de dos áreas de conservación. Se estableció una forma de pago de seis años y 10 meses.

Con la compra de las tierras por parte del Estado, INBio pudo saldar la deuda con el Banco.

“El punto aquí es que, si era para saldar deudas, lo hubiéramos vendido a un privado y generamos una ganancia, pero lo que prevaleció en nuestra decisión no era que el Gobierno nos pagara la deuda, sino mantener la función educativa del parque”, recalcó Gámez.

El traslado de las oficinas también depende de un cartel de licitación para el diseño y construcción del inmueble.

“Mientras tanto, tenemos el doble gasto . Ese es uno de los grandes inconvenientes que nosotros le hemos visto a esta negociación. En realidad, el Sinac no tiene necesidad de ese inmueble para resolver su problema de instalaciones”, destacó Jurado.

”Con ese dinero, imagínese lo que pudimos haber comprado en San José, que es lo lógico desde el punto de vista urbanístico. ¿Cómo se va a sacar una institución del gobierno central y mandarla a Santo Domingo?”.

”Eso fue lo que heredamos. Cuando entré aquí, eso ya estaba consumado”, agregó Jurado.

Marco Antonio Vargas, sus sobrino nietos Dorin y Johan Arley así como la bisabuela María Alfaro suelen visitar el INBioparque porque disfrutan de la naturaleza. | MELISSA FERNÁNDEZ
Marco Antonio Vargas, sus sobrino nietos Dorin y Johan Arley así como la bisabuela María Alfaro suelen visitar el INBioparque porque disfrutan de la naturaleza. | MELISSA FERNÁNDEZ

Reacciones. No muchos visitantes están enterados del cierre temporal, aunque los asiduos –como Ana Elena Cañas– sí sabía y manifestó su tristeza.

“Sería una lástima perder la oportunidad de conocer las investigaciones sobre escarabajos y otros animales o las campañas que aquí se hacen”, dijo Cañas.

Marco Antonio Vargas y su familia suelen visitar el INBioparque. “La verdad es que sería una lástima si lo cierran. Más bien hacen falta más de estos espacios en la ciudad”, manifestó Vargas.

“A la gente le gusta el lugar y repite. Vienen una y otra vez, no se aburren porque este es un pulmón en medio de la ciudad”, comentó Arroyo mientras atendía la huerta.

Además, INBioparque cumple una labor social con la comunidad. Arroyo recibe voluntarios, adultos mayores de la Asociación Gerontológica Costarricense (Ageco) y personas con discapacidad de la Escuela de San Rafael de Heredia, quienes le ayudan con las labores de la granja y los talleres educativos sobre huertas y cómo hacer abono orgánico.

INBio teme que mientras se define otro administrador, la gente pierda la posibilidad de aprender sobre biodiversidad.