Patrones de consumo atentan contra la imagen verde de Costa Rica

Por: Michelle Soto 17 noviembre, 2014
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Costa Rica es reconocida internacionalmente por tener la mitad de su territorio cubierto por bosques y un sistema de áreas protegidas consolidado.

Ambos logros datan de los años noventa. Desde entonces, aunque se camina, los avances ambientales son lentos.

Así lo destaca el Vigésimo Informe del Estado de la Nación, dado a conocer esta semana.

“Costa Rica tiene sus fortalezas. Hemos creado una imagen internacional de conservación, la cual no es poca cosa y tampoco fue gratis, pero estamos frente a un país detenido en el tiempo”, comentó Leonardo Merino, coordinador general del estudio.

“No se ha avanzado en materia ambiental más allá de la protección de ecosistemas y biodiversidad. Todavía estamos detenidos en un diseño institucional hecho para la conservación y no para la gestión”, agregó.

Un ritmo de consumo que excede la capacidad biológica del territorio, la alta dependencia a los hidrocarburos y el mal manejo de las aguas residuales, contradicen esa imagen de “paraíso natural” que se promociona en el exterior.

“El ambiente tiene que estar en la agenda política”, dijo el ministro de Ambiente y Energía, Édgar Gutiérrez, al mencionar la necesidad de abordar el ambiente como tema de desarrollo.

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Huella ecológica. Según el informe, solo en el 2013, cada tico necesitó 8% más recursos de los que el territorio era capaz de sustentar.

En el caso de Costa Rica, esa huella ecológica –si bien es comparable a la de otros países latinoamericanos– es desventajosa cuando se toma en cuenta el tamaño de su superficie: tenemos un ritmo de consumo muy intenso para la cantidad de metros cuadrados disponibles.

“La huella ecológica crece, en gran medida, por el incremento de las emisiones de carbono que genera el sector transporte; absorber esos gases demanda una proporción cada vez mayor del territorio. En segundo lugar, la biocapacidad disminuye, pues cada año la población aumenta y, por ende, es menor el territorio productivo disponible por persona”, se lee en el documento.

Entre 1980 y el 2013, la flota vehicular pasó de 180.986 unidades a 1.328.928; en otras palabras, se incrementó en más de un millón en apenas 33 años.

La mayoría del parque automotor son vehículos particulares y de carga liviana (74%), lo cual refleja un patrón de consumo relacionado a movilidad.

Si solo se considera el periodo 2012-2013 , el aumento de esa flota fue del 4,45%. En total, en ese año fueron importados 97.280 vehículos (86% gasolina y 14% diésel).

Esa es una de las razones por las que el país es tan dependiente de los hidrocarburos, sobre todo en transporte y energía.

En ese mismo lapso, la producción de electricidad por combustión de diésel y búnker creció un 44%. Aunque esas plantas térmicas fueron responsables del 8% de la energía, también generaron el 72% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que contribuyen al calentamiento global y el cambio climático.

“Hay que recordar que en los años 2011, 2012 y 2013, Costa Rica vivió una situación atípica por el impacto del fenómeno de El Niño. Al disminuir las lluvias, eso obligó a utilizar más las plantas térmicas para la generación eléctrica”, comentó Gutiérrez.

Para el jerarca, lo vivido estos años sería una previsión de lo que se espera con los escenarios de cambio climático.

La contaminación de los ríos con desechos sólidos es uno de los aspectos que contradicen la imagen verde que los costarricenses pregonan en el exterior. | JONATHAN JIMÉNEZ
La contaminación de los ríos con desechos sólidos es uno de los aspectos que contradicen la imagen verde que los costarricenses pregonan en el exterior. | JONATHAN JIMÉNEZ

“Esto es una ‘probadita’ de lo que sufriremos en 20 o 30 años, cuando se dé un incremento en la temperatura”, dijo Gutiérrez.

“El Niño afecta a toda Centroamérica, pero Costa Rica es el país que menos ha sufrido por este fenómeno debido a la cobertura forestal y a las áreas de conservación”, resaltó el ministro.

Para Gutiérrez, las políticas ambientales del país han permitido que el impacto sea menor, revelando que la conservación tiene una contribución altísima al producto interno bruto (PIB).

“De no ser así, hubiéramos tenido que destinar muchísima plata para que nuestro Pacífico norte no sufriera tanto como sufrieron Nicaragua, Honduras o El Salvador. Es importante destacar eso para que no nos dé miedo invertir en conservación, pero conservación con la gente”.

Para Merino, el tema ambiental es reflejo del desgaste del modelo de desarrollo adoptado en la década de los noventa.

Si el tema verde fuera como el fútbol, ¿cuánto más nos durará a los ticos la hazaña de Italia 90?