Medidas se dirigen a reducir emisiones y aumentar adaptación ante nuevas condiciones

Por: Michelle Soto 7 diciembre, 2015
María Solano Quirós es una que ha dedicado unos dieciséis de sus 69 años a la agricultura orgánica. Es madre de 13 hijos y abuela de 13 nietos. Trabaja todos los días, de lunes a viernes en la huerta y viveros y por supuesto en las labores del hogar, y los sábados viaja a Escazú para vender sus productos en la Feria Kilómetro Cero.
María Solano Quirós es una que ha dedicado unos dieciséis de sus 69 años a la agricultura orgánica. Es madre de 13 hijos y abuela de 13 nietos. Trabaja todos los días, de lunes a viernes en la huerta y viveros y por supuesto en las labores del hogar, y los sábados viaja a Escazú para vender sus productos en la Feria Kilómetro Cero.

París, Francia

En el contexto del cambio climático, el sector agropecuario vive una paradoja: por un lado, es uno de los mayores emisores de gases efecto invernadero por el cambio de uso del suelo y el empleo de fertilizantes nitrogenados. Pero, por otra parte, es uno de los más vulnerables a las variantes condiciones del clima y al impacto de eventos extremos como lluvias o sequía.

A eso hay que sumarle que en este sector descansa la producción de alimentos para consumo humano y animal.

Centroamérica, y por supuesto Costa Rica, ya lidia con esta paradoja y preocupados por ello, los ministros de Agricultura y Ganadería de los siete países del istmo y República Dominicana firmaron este fin de semana una declaración donde se comprometen a impulsar la Agricultura Climáticamente Inteligente (ACI).

Eso quiere decir que se buscarán niveles de productividad que no degraden el ambiente, ya que este último es, a fin de cuentas, el que permitirá a la agricultura y ganadería adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

Dicha declaración tuvo lugar en el Global Landscape Forum (GLF), actividad realizada en el marco de la cumbre del clima que actualmente se celebra en Le Bourget (Francia).

Aparte de llevar una agenda común, los ministros se comprometieron a impulsar la colaboración entre países para así compartir experiencias y aprender unos de otros.

"En Costa Rica nos estamos comprometiendo con una agricultura menos intensiva en insumos y más intensiva en conocimientos, que nos permita producir más y mejor, disminuir los gases de efecto invernadero que emiten las actividades agropecuarias y que les resta productividad, y a la vez, que estas actividades puedan adaptarse a las nuevas condiciones que impone el cambio climático. Para esto, se requiere más investigación, más innovación, más implementación en finca y además recursos financieros para favorecer estos procesos", dijo el ministro costarricense de Agricultura y Ganadería, Luis Felipe Arauz.

"Confiamos que esto nos llevará a una transformación de la agricultura en nuestra región, que va a permitir conciliar la producción de alimentos, con la conservación de los recursos naturales que son fundamentales para mantener la vida en este planeta. Este es un esfuerzo pionero a nivel mundial y tenemos la responsabilidad de hacerlo bien para que otras regiones del mundo se sumen en iniciativas similares", comentó José Joaquín Campos, director del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), organización que coordina el componente técnico y científico de la iniciativa.

Acciones de la ACI. Manejar una finca climáticamente inteligente significa ir en pro de la productividad y competitividad, pero no a costa del ambiente. Es más, las buenas prácticas en esta materia se convierten en una herramienta para que la actividad sea sostenible tanto en lo económico como a través del tiempo.

En este sentido, la ACI plantea la recuperación de tierras degradadas como mecanismo de adaptación al cambio climático así como la protección de fuentes hídricas y un manejo del suelo integrado.

Campos pone un ejemplo: los sistemas agroforestales (combinación de cultivos con árboles) no solo permiten capturar carbono sino que además mejoran las condiciones del suelo, lo cual permite reducir el uso de fertilizantes y otros agroquímicos que liberan gases de efecto invernadero a la atmósfera. Como resultado, se mejoran las condiciones del sistema para tener más agua y de mejor calidad.

Además, los árboles que se emplean en cultivos como café, cacao y pasturas sirven de cortinas rompevientos y atraen biodiversidad.

"Los cultivos son más resilientes (mejor adaptados) al cambio y la variabilidad climática", explicó Campos.

Otra medida de la ACI es promover una agricultura diversificada, lo cual brinda una mayor seguridad al agricultor.

La ciencia, partiendo del conocimiento tradicional, realiza su aporte desarrollando cultivos y variedades más resistentes a plagas y enfermedades o a condiciones más secas y cálidas.

"Son muchas las posibilidades y por tanto se requiere de un trabajo colaborativo y sistemático, para seleccionar los cultivos y prácticas que mejor contribuyan a conciliar una mayor productividad y adaptación, con una reducción de emisiones y muy importante, que permitan una distribución más equitativa de los beneficios.

"Esto a la vez va a requerir de políticas e incentivos para fomentar esta forma de producción agropecuaria y además el impulso al desarrollo científico y tecnológico, así como la educación y capacitación. Veo en esto una reingeniería al sector agropecuario, que será vital para la sociedad y que va a reposicionar al propio sector", dijo Campos.

Arauz agrega un punto más: urge que los mercados reconozcan los esfuerzos por producir de manera sostenible. "Exhorto para que la sociedad, como un todo, procure una convivencia climáticamente inteligente", destacó el ministro.