Por: Michelle Soto 22 abril, 2016
Para conocer el uso del hábitat que realizan los tiburones martillo cuando son crías y juveniles, los investigadores Ilena Zanella y Andrés López de la organización Misión Tiburón colocan marcas convencionales en la primera aleta dorsal y transmisores acústicos en el vientre de los animales cuyo tamaño supera los 70 cm. Estas últimas permiten seguirles el rastro dentro de golfo Dulce, gracias a la instalación de una red de receptores que captan las señales acústicas en un radio de 1.000 metros. Todo el proceso de marcaje demora máximo dos minutos, tras los cuales se libera al tiburón en el mismo sitio donde se encontró.
Para conocer el uso del hábitat que realizan los tiburones martillo cuando son crías y juveniles, los investigadores Ilena Zanella y Andrés López de la organización Misión Tiburón colocan marcas convencionales en la primera aleta dorsal y transmisores acústicos en el vientre de los animales cuyo tamaño supera los 70 cm. Estas últimas permiten seguirles el rastro dentro de golfo Dulce, gracias a la instalación de una red de receptores que captan las señales acústicas en un radio de 1.000 metros. Todo el proceso de marcaje demora máximo dos minutos, tras los cuales se libera al tiburón en el mismo sitio donde se encontró.

Desde el 2010, investigadores de la organización Misión Tiburón estudian el golfo Dulce para identificar hábitats críticos para el tiburón martillo.

Esta especie utiliza este golfo como sitio de crianza, las hembras migran desde aguas oceánicas hasta aguas costeras para dar a luz a sus crías.

La investigación ya se encuentra en su cuarta etapa. En esta última fase, contaron con fondos del proyecto BID Golfos ejecutado por Fundación MarViva.

En una primera etapa, los investigadores Ilena Zanella y Andrés López se dedicaron a conversar con pescadores de comunidades aledañas al golfo para recolectar datos de conocimiento ecológico tradicional,definido como el saber empírico por contacto con la especie.

Eso permitió identificar cuatro hábitats críticos en la parte interna de golfo Dulce y se decidieron recolectar más información en la parte externa donde hay más interacción con pesquerías.

Luego, en una segunda etapa, acompañaron a esos pescadores durante sus faenas en mar y descargas en centros de acopio donde recolectaron datos biológicos como talla, peso, estadío reproductivo y fauna acompañante, entre otros.

Así se dieron cuenta que el tiburón martillo era la especie más abundante y constante durante el año, pero resultó tener un porcentaje bajo de sobrevivencia (14%) en la línea de pesca de fondo, lo cual aumenta su mortalidad.

Marcaje. Esas primeras fases permitieron a los investigadores definir sitios de estudio para la tercera etapa, la cual contempló marcaje visual y acústico.

Con ayuda de una cuerda de mano, que posee un anzuelo circular de cuatro centímetros (cm) de alto y dos de ancho (N.° 5), se capturan los tiburones martillo. El animal se sube a la cubierta del bote donde, con un bisturí, se le realiza una microcirugía en el abdomen para colocarle un transmisor de 3,3 cm (V13) o 6,3 cm (V16), dependiendo del tamaño del pez. Cada transmisor o marca acústica posee una vida útil de seis años.

Luego se le realizan dos puntadas. Además, se le coloca un antibiótico y desinflamatorio que le ayudará a cicatrizar.

Asimismo, se toman datos como tamaño, se registra el sexo y, si son machos, se determina el estado de madurez sexual a partir de los hemipenes (los juveniles, los tienen suaves; los maduros, los tienen calcificados). Si las condiciones del mar son propicias, se pesan.

Aparte del transmisor, al tiburón se le coloca una marca plástica (tipo flexi o espagueti si miden menos de 70 cm) en la primera aleta dorsal. "La marca convencional es importante en caso de recaptura, ya que se ve a simple vista", recalcó Zanella.

Todo el proceso tarda a lo máximo dos minutos y luego se devuelven al agua. En algunos casos, se les da oxigenación.

Asimismo, los científicos instalan receptores acústicos que consisten en cilindros de 30 cm de largo y 8 cm de diámetro, los cuales captan la señal acústica que emiten las marcas en los tiburones martillo.

Cada receptor se encuentra entre 5 y 60 metros de profundidad y capta la señal de las marcas en un radio de 1.000 metros. Esto quiere decir que si un tiburón pasa cerca, el receptor toma datos como el número del transmisor, la fecha y la hora, en intervalos de 75 segundos.

Gracias a los datos acústicos, los investigadores pudieron observar que las crías de tiburón martillo pasan, al menos, un año en el golfo Dulce; principalmente en sitios lodosos cercanos a bocas de ríos y ubicados en aguas someras (10-30 metros profundidad).

En la cuarta etapa, se ampliaron los sitios de marcaje para abarcar desde bahía Ballena en Osa hasta Punta Burica, lo que constituye el Área Marina de Uso Múltiple Pacífico Sur (AMUM).

Los resultados revelaron que los juveniles de tiburón martillo, conforme crecen, realizan migraciones locales dentro del golfo, preparándose así para salir al océano. Se mueven entre 10 y 20 kilómetros dentro de golfo Dulce.

Conforme van ganando tamaño, estos juveniles realizan estas migraciones locales en busca de aguas más profundas y presas más grandes. Es más, se cree que las usan como "entrenamiento" para cuando deban desplazarse a aguas oceánicas.

Actualmente, la investigación de Misión Tiburón se mantiene activa.