Por: Michelle Soto 7 septiembre, 2014

A tres horas de San José, la comunidad de bahía Ballena se convierte en la puerta de entrada al Pacífico sur. La familia Gálvez Márquez, compuesta por tres españoles oriundos de Galicia, llegó allí por recomendación de un guía de Manuel Antonio, quien les dijo que podrían observar ballenas jorobadas.

Otros, como Mauricio Ramírez, de Monteverde, planearon el viaje con este propósito en mente: ver delfines y ballenas. “El tour estuvo excelente. Fue muy informativo, muy seguro; el equipo de trabajo, muy bueno, y totalmente garantizado que se ven ballenas”, dijo Ramírez tras bajarse de una de las embarcaciones.

Sin embargo, allí no solo hay cetáceos. El Parque Nacional Marino Ballena (PNMB), su más querido vecino, ofrece arrecifes de coral donde se puede bucear o practicar snorkeling , así como olas para practicar el surf o el kayak .

Según Paula Ramírez, de Ballena Infocenter, la zona también ofrece cabalgatas y caminatas a las cataratas cercanas.

“Desde aquí pueden conocerse otros sitios, como isla del Caño, el Parque Nacional Corcovado y los manglares de Térraba Sierpe”, comentó Ramírez.

Eso sí, todas las actividades van acordes a la visión de desarrollo de la comunidad.

“El pueblo va creciendo al ritmo que la gente de aquí quiere: sin megaproyectos. Queremos que todo vaya de acuerdo a la naturaleza y la conservación”, explicó Julio Badilla, propietario de la empresa Dolphin Tour.

Crear experiencias. Bahía Ballena busca que sus visitantes no solo disfruten de los atractivos del lugar sino que también se lleven consigo una nueva conciencia capaz de generar cambios positivos en el planeta.

Precisamente eso es lo que persigue Bodhi Surf ( www.bodhisurfschool.com ), una empresa que ofrece hospedaje en cabañas rústicas cuya ocupación total alcanza las 12 personas, clases de surf y yoga, así como recorridos por el pueblo para conocer su historia.

“Bodhi significa iluminación, y lo que tratamos de lograr, a través del surf y el yoga, es que la gente empiece a reconocer su propio camino hacia la sostenibilidad y ser más responsable en sus acciones con la Madre Tierra”, explicó su propietario, Travis Bays.

Su filosofía podría explicarse así: mientras el yoga permite a la persona conectarse consigo misma, el surf hace lo propio pero con el entorno; por esa razón, practicar este deporte en el PNMB es algo distinto, precisamente por su respeto por la conservación.

“Un elemento importante del yoga es conectarse con lo que somos, nuestra esencia, y esto pasa también por conectarse con la naturaleza, lo que tal vez hemos perdido por vivir en la ciudad. Venir a estar rodeado de verde ayuda a reconectarnos”, comentó la también dueña, Pilar Salazar.

Su compromiso ambiental es tal que, dos sábados al mes, los integrantes de Bodhi Surf realizan servicio comunitario en el PNMB, y, al final de la jornada, ofrecen lecciones gratuitas de surf .

Asimismo, los esposos Bays y Salazar, así como su pequeña hija, Maya, invitan a los turistas a involucrarse con la comunidad y disfrutar de la experiencia cultural.

“Caminamos con los huéspedes para contarles cosas sobre este pueblo: Alcoa, por ejemplo, era dueña de todo esto. Otra historia se relaciona con la creación del parque nacional y con el cambio de pescadores artesanales a turoperadores”, destacó Bays.