Conocimiento sobre biodiversidad atrae a visitantes más especializados

Por: Michelle Soto 11 noviembre, 2015
En el 2010, un estudio realizado por Fundación Keto reveló que 19 de las 22 empresas turísticas que trabajaban en bahía Drake e Isla del Caño ofrecen avistamiento de delfines y ballenas. El 84% de estas empresas son operadas por sus dueños y se calcula que perciben una ganancia mínima de $600.000 al año por pago directo, es decir, esta cifra no contempla lo que reciben hoteles, restaurantes y tiendas. | ALONSO TENORIO
En el 2010, un estudio realizado por Fundación Keto reveló que 19 de las 22 empresas turísticas que trabajaban en bahía Drake e Isla del Caño ofrecen avistamiento de delfines y ballenas. El 84% de estas empresas son operadas por sus dueños y se calcula que perciben una ganancia mínima de $600.000 al año por pago directo, es decir, esta cifra no contempla lo que reciben hoteles, restaurantes y tiendas. | ALONSO TENORIO

Garabito, Puntarenas

Gracias al turismo, las comunidades aledañas a los parques nacionales o las reservas privadas ven en la conservación una fuente de ingresos.

Al concentrarse el desarrollo del país en el Valle Central, los poblados que rodean las áreas silvestres protegidas suelen ser sitios económicamente deprimidos, donde las opciones de empleo son escasas.

Sin embargo, la riqueza natural que circunda estas zonas les ofrece una posibilidad para desarrollarse.

Ejemplo de ello es Bahía Ballena en Osa, donde el 90% de la economía local depende del avistamiento de ballenas.

Las empresas de turismo están lideradas por antiguos pescadores que dejaron las redes y ahora emplean a otros vecinos como guías, impulsando así el desarrollo del pueblo.

Este lugar se beneficia por tener muy cerca el Parque Nacional Marino Ballena, con el cual se busca proteger el recurso natural que le da de comer.

En Nandayure ocurre algo similar con el Refugio de Vida Silvestre Camaronal. Hace siete años, los pobladores vendían huevos de tortuga a ¢1.000 el kilo. Actualmente, están organizados para llevar a turistas a observar el desove de tortugas y cobran ¢4.320 (unos $8) por persona.

“Ya no es una actividad furtiva, sino que es legal y para la cual tienen que capacitarse. Eso los hace sentirse mucho más realizados como personas y les da un sentido de la vida diferente que si siguieran dedicándose a una actividad extractiva e ilegal”, indicó Gustavo Segura, vicepresidente de la Junta Directiva del Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

En promedio, a la semana, un guía de la Asociación de Guías Locales de Matapalo gana ¢70.000 por llevar a turistas a ver el desove de tortugas. | MANUEL VEGA
En promedio, a la semana, un guía de la Asociación de Guías Locales de Matapalo gana ¢70.000 por llevar a turistas a ver el desove de tortugas. | MANUEL VEGA

Reservas privadas. El beneficio no solo se percibe con áreas silvestres protegidas por el Estado. Las comunidades vecinas a reservas privadas también agradecen la conservación en estas propiedades en manos particulares.

“Al encontrarle un valor al bosque, se establece en la mente de la gente la importancia de cuidar la naturaleza”, comentó Alberto Quintana, dueño de Hacienda Pozo Azul, en Sarapiquí, y miembro de la Red Costarricense de Reservas Privadas.

En Pozo Azul, los guías de turismo ganan entre ¢10.800 y ¢16.200 ($20 y $30) por tour. Al día, pueden ganar ¢54.000 ($100). En cambio, como peones agrícolas ganarían ¢10.000 ($20) diarios. “Los mejores guías vienen de familias que se dedicaban a la caza y se dieron cuenta de que era más rentable mostrar al animal vivo que matarlo”, dijo Quintana.

La ciencia como ganancia. El ecoturismo en Costa Rica se desarrolló de la mano de la ciencia. Por ejemplo, y según Segura, el canopy se ideó a partir de una técnica empleada por los científicos para investigar el dosel del bosque (las copas de los árboles).

“Los inventarios de biodiversidad ahora son utilizados por los guías y los turistas”, resaltó.

Desde inicios del siglo XX, los exploradores y naturalistas europeos vieron en el país una fuente inagotable de conocimiento y el tico curioso se internaba con ellos en el bosque para ponerle nombre científico a aquello que siempre habían visto.

Una lapa roja genera ¢54 millones por concepto de turismo versus los ¢54.000 en que se vende en el mercado negro para convertirla en mascota. | PRISCILLA MORA
Una lapa roja genera ¢54 millones por concepto de turismo versus los ¢54.000 en que se vende en el mercado negro para convertirla en mascota. | PRISCILLA MORA

Con los años, centros de investigación fueron capacitando a los jóvenes de las comunidades, quienes adquirieron conocimientos que muchos estudiantes de universidades europeas y norteamericanas quisieran tener.

“Muchos de los mejores guías de nuestro país son personas que aprendieron del bosque por vivir cerca de él y con un poco de capacitación científica, le dan respaldo a eso que siempre habían visto. Eso, para un turista, es valiosísimo”, comentó Segura.

La ciencia también atrajo al turista especializado. Ejemplo de ello son los observadores de aves. Algunos incluso vienen al país a participar en proyectos de investigación como voluntarios.

“Hay reservas que anuncian con meses de anticipación sus conteos de aves o anfibios. Eso hace que vengan turistas a sumarse a tales esfuerzos”, relató.