Una misión de la NASA llevó a un equipo hasta la ladera de un volcán, donde durante un año y un día imitarán de la mejor forma posible las condiciones inhóspitas del planeta rojo. ¿Cómo se sobrevive en un planeta sin vida? ¿Cómo se mantiene la cordura en un mundo desolado?

Por: Danny Brenes 17 abril, 2016
Llegamos a Marte (y era Hawái)
Llegamos a Marte (y era Hawái)

Marte está en la Tierra. Específicamente en Hawai. O, cuando menos, lo está el proyecto de simulación marciana más ambicioso que ha desarrollado la NASA hasta ahora.

Se llama Marte Simulado (MarteS), una misión integrada por seis individuos, todos ellos miembros de la organización espacial de Estados Unidos, que se trasladaron a un campamento ubicado en las laderas del volcán Mauna Kea.

Allí, en medio de un inhóspito entorno y con recursos limitados, un arquitecto espacial, un ingeniero, tres científicos y un médico de la tripulación, están llevando a cabo pruebas de todo tipo que podrían ofrecer resultados que aceleren potenciales expediciones al planeta vecino en un futuro no-tan-lejano.

“Durante todo este año tenemos una demora de 20 minutos en las comunicaciones en ambas direcciones, lo que refleja el tiempo máximo de viaje de la luz entre Marte y la Tierra. Para bien y para mal, no podemos atender llamadas ni mantener entrevistas a través de Skype; no se nos puede filmar, fotografiar o grabar de ningún modo, salvo que lo hagamos nosotros mismos”, escribió Sheyna Gifford, médico de la tripulación, en un texto publicado en el sitio web oficial de la misión.

El retardo temporal hace que la vida allí sea más precaria. En caso de una catástrofe, pasarán horas antes de que el equipo pueda recibir ayuda. Por tanto, ¿qué ocurre en caso de desastre médico? Solucionarlo depende de los miembros de la misión.

Como lo sería en el planeta rojo, la vida en MarteS es elemental. Las principales preocupaciones son las más básicas también: sol, aire, agua, rocas y, sobre todo, lo que los miembros del equipo pueden hacer con dichos elementos si se combinan de forma correcta.

La energía es de generación solar. Con dicha energía, se genera iluminación artificial para cosechar plantas con mayor velocidad. Estas plantas absorben agua y crecen entre las rocas, hasta finalmente generar frutos.

Casi siguiendo la línea de la película El marciano , a punta de ciencia se derrota el hambre.

Marte es locura, locura es Marte

Cuando la misión concluya, el 28 de agosto próximo –un año y un día después de haber comenzado–, los seis miembros del equipo habrán sobrevivido a la simulación de vida en Marte más larga de la historia.

La misión MarteS es la más ambiciosa simulación realizada por la NASA.

Eso sí, el verbo sobrevivir no se utiliza aquí en vano.

En efecto, la lucha para mantenerse con vida ha sido compleja para todos.

Mantenerse cuerdo también lo es.

“A los cinco meses de nuestra expedición, estamos echando en falta cosas del medio ambiente terrestre en las que habitualmente no reparábamos. Reproducir la experiencia marciana implica que la luz directa del sol o el viento no nos den en la cara durante todo un año; y la lluvia, tampoco. Incluso aquellos de nosotros que somos del sur de California estamos acostumbrados a ver llover de vez en cuando”, escribió Gifford.

Cuenta Gifford que la misión ha demostrado ser un desafío a las mismas fuerzas que impulsan el comportamiento en la Tierra: la fuerza psicológica de cada persona y la dinámica del colectivo. Es decir, que la mente es más fuerte que el cuerpo, y que la unión hace la fuerza: los clichés aprobados por la ciencia. “Cómo nos llevamos entre nosotros y con nosotros mismos es lo que permite que nuestras misiones de exploración tengan éxito o lo que las condena al fracaso. A diferencia de la temperatura o la humedad, los estados mentales no pueden garantizarse por adelantado”.

Aunque la posibilidad de trasladarse hasta Marte es, de momento, remota todavía, la misión del MarteS es prever cómo nos comportaríamos en el caso de que lográramos llegar hasta allá.

De camino, el equipo de la misión ha descubierto otra cosa: que las lecciones de convivencia y sanidad mental pensadas para otro mundo bien podrían mejorar la forma en que pasamos nuestro tiempo en este planeta.

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