Modelo se conduce solo, siguiendo una ruta programada en GPS

Por: Silvia Artavia 9 julio

Un carrito que se conduce solo, siguiendo la programación de un sistema de posicionamiento global o GPS y que, además, esquiva obstáculos en el camino, fue construido con menos de ¢90.000, un monto considerado bajo cuando se trata de un dispositivo de esta clase.

El hallazgo es de tres estudiantes de la carrera de Ingeniería Mecatrónica del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), quienes elaboraron el prototipo como trabajo final para el curso Diseño de Sistemas Mecatrónicos, que forma parte del quinto y último año de bachillerato.

Rodolfo Guevara, Juan Ignacio Monge y Allan Alvarado son los creadores del aparato, al cual no le pusieron ningún nombre. | ITCR PARA LN
Rodolfo Guevara, Juan Ignacio Monge y Allan Alvarado son los creadores del aparato, al cual no le pusieron ningún nombre. | ITCR PARA LN

Se trata de un ejemplar a escala de un vehículo real, cuya principal característica es la autonomía, justo esa capacidad de avanzar por sí mismo y de eludir los posibles puntos de impacto.

Con este prototipo, los jóvenes comprobaron que construir un dispositivo de este calibre, empleando los recursos más austeros, es una iniciativa accesible, no solo limitada a firmas globales.

El proyecto surge en un momento en el que empresas como Tesla y Uber invierten millones de dólares en la búsqueda de soluciones de transporte autónomas, más seguras y eficientes, las cuales, aunque en una escala mucho mayor, siguen el mismo principio de autonomía del modelo creado por estos estudiantes.

Más atributos

El prototipo resulta exitoso no solo porque es capaz de conducirse solo, sino porque puede hacerlo durante 3 kilómetros, a una velocidad de 5 kilómetros por hora, comentó Juan Ignacio Monge, uno de los creadores.

Él, junto con sus compañeros Allan Alvarado y Rodolfo Guevara son los responsables del ingenioso carro.

“Una de las condiciones del curso era que no podíamos pasarnos de los $200 (¢115.000) y, bueno, el reto era que el carro pudiera darle dos vueltas completas al campus del TEC (ITCR), una distancia de tres kilómetros, y lo hizo”, dijo Monge.

Pero, ¿cómo lo construyeron? Tenían un semestre para hacerlo, con un tiempo efectivo de alrededor de tres meses. Así las cosas, había que distribuir las labores.

Un modelo 'casero'
Un modelo 'casero'

Aunque los tres se involucraron de lleno en la confección del vehículo, Juan Ignacio asumió la parte mecánica; Rodolfo, la programación, y Allan, él área de electrónica de potencia.

“Como cada uno tiene un fuerte (uno es mejor en la parte mecánica, el otro, en electrónica y el otro, en programación), juntamos las diferentes habilidades. Hicimos como se hace en una empresa: trabajamos en equipo y sacamos el proyecto”, contó Allan Alvarado.

Debía ser un aparato liviano cuyo peso no consumiera demasiada energía, porque iba a ser impulsado por 10 baterías tradicionales (las AA).

Además, tenía que ser resistente a impactos –en caso de algún imprevisto– y, lo más importante, ser barato.

Entonces, se las arreglaron para comprar un carro a control remoto. Utilizaron sus motores y llantas y, de ahí en adelante, emplearon la inventiva para armar un vehículo que se condujera solo durante tres kilómetros, en un tiempo máximo de dos horas, sin sufrir ningún percance.

Así, el prototipo logró completar las dos vueltas de 1,5 kilómetros cada una, en una hora. Lo hizo a una velocidad de 5 kilómetros por hora

El funcionamiento

Sobre la armazón del carrito de control remoto que habían comprado, los muchachos colocaron una base acrílica para que sostuviera todos los dispositivos. Estos aparatos, interconectados, formarían el cuerpo del vehículo y harían que se moviera.

El corazón era un microcontrolador, es decir, un circuito integrado digital, programable, que puede emplearse en distintos propósitos. Este fungió como el ‘cerebro’ del prototipo.

En un software libre, determinaron las coordenadas, o sea, la ruta que debía seguir el dispositivo para completar el recorrido y estas fueron “traducidas” a la señal GPS mediante el teléfono celular.

El microprocesador interpretaba esos datos y el carro echaba a andar.

“Hubo momento en que pensamos que no lo íbamos a lograr. Sobre todo cuando probamos los algoritmos de GPS, pero lo hicimos. Fue un curso y una experiencia muy interesante porque aplicamos todo lo que habíamos visto en la carrera”, expresó Rodolfo Guevara.

El reto de hacer que el modelo no chocara, lo resolvieron colocándole dos sensores ultrasónicos que detectan y esquivan obstáculos.

Por el momento, no pretenden darle ningún uso al carro. Sin embargo, coinciden en que fue un gran inicio para experimentar con prototipos similares en el futuro.