Por: Monserrath Vargas L. 28 julio, 2014

Ser investigador a 2.000 metros bajo tierra implica algunos riesgos. Sin embargo, el astrofísico costarricense Álvaro Chavarría los asume como parte de su trabajo en el experimento DAMIC.

El joven costarricense en el SNOLAB. | ÁLVARO CHAVARRÍA PARA LN
El joven costarricense en el SNOLAB. | ÁLVARO CHAVARRÍA PARA LN

Esta investigación se desarrolla en una mina de níquel ubicada en Ontario, Canadá y tiene el objetivo de detectar materia oscura, de la cual, la ciencia considera está compuesto el 85% del universo.

Al bajar esos dos kilómetros en la profundidad, el joven de 29 años debe enfrentar altas temperaturas, de cerca 40° C.

Además, existen algunos peligros. “El riesgo es que no se puede escapar. Uno se mete a un ascensor, si hay fuego o algo bajo tierra no hay salida de emergencia, es una mina”, recordó.

Los científicos deben lidiar con otras sensaciones, por ejemplo, una presión atmosférica que es más alta. “No es muy distinto a un viaje en avión”.

La menor cantidad de oxígeno brinda una sensación de leve cansancio, comentó Chavarría.

Precisamente por estas condiciones, tanto él como los colegas involucrados en el experimento, no trabajan diariamente en el laboratorio bajo tierra.

“La mayoría del tiempo estamos poniendo más cámaras. Hacemos un viaje dedicado, trabajamos con un agenda, pero no estamos ahí día a día”, explicó.

Este astrofísico obtuvo su doctorado en la Universidad Princeton en el 2012 y llegó al proyecto DAMIC debido a su experiencia en la la materia oscura. Sobre los posibles hallazgos de su trabajo aseguró: “Su descubrimiento va a abrir una ventana, que solo tiene sentido si lo vemos en el plano cósmico”.

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