8 marzo, 2015
Un investigador demostró que es posible entrenar a abejas para detectar la presencia de un hongo que afecta cultivos de cereales
Un investigador demostró que es posible entrenar a abejas para detectar la presencia de un hongo que afecta cultivos de cereales

Belgrado, Serbia

La detección rápida de enfermedades de cereales es clave para combatirlas, lo que se puede conseguir con ayudas de unas abejas especialmente entrenadas, asegura el joven investigador serbio Nemanja Filipovic.

"Sólo una abeja basta para la detección. Es decir, de cien abejas se pueden construir cien aparatos de detección, y eso es una muestra de la gran eficacia de este proceso", explicó en declaraciones a Efe en Belgrado.

El objetivo de este jovencísimo científico serbio, de solo 18 años de edad, es detectar con rapidez males fúngicos de cereales porque representan un gran problema y porque probar su existencia es un proceso "costoso y largo".

"Pero si se detectan sólo algunos olores que emiten esos hongos, en cuestión de segundos se obtendrían los resultados, y se ahorraría mucho dinero", asegura Filipovic. "Si se entrenan, las abejas reaccionan sacando su probóscide (trompa) cuando sienten un determinado olor", agrega.

Para Filipovic, especializado en electrónica, es posible crear "un aparato que de hecho registre" lo que detectan las abejas.

"De esa forma, es posible ver con facilidad lo que ocurre y si han hallado el olor (del hongo)", explica el joven que ha realizado un estudio al respecto en el Centro de Investigación de Petnica, a unos 90 kilómetros el oeste de Belgrado. Esa institución oficial del Estado serbio reúne a jóvenes investigadores, interesados en diferentes campos científicos.

Para seguir la reacción del insecto de extraordinario sentido del olfato, Filipovic ha desarrollado algoritmos especiales. Además, junto a otra joven bióloga serbia, Andjela Todevic, ha desarrollado un entrenamiento específico de las abejas, "fijándolas" en un soporte especial, creado para esos fines en una impresora 3D.

Aunque no pueden volar cuando están fijadas al soporte, las abejas siguen agitando sus alas, algo indispensable porque si se impide totalmente el movimiento de su cuerpo, las abejas “ están bajo estrés y no pueden reaccionar a los olores ” , asegura Filipovic. Las abejas reciben una recompensa azucarada junto con un estímulo, en este caso, un determinado olor, y "después de unas cuentas veces, aprenden a vincular el estímulo con el alimento".

"De modo que cada vez que recibe ese estímulo la abeja supondrá que llegará también la comida y sacará de inmediato la probóscide, para su consumo", precisa Filipovic. "Ese reflejo es inherente a su sistema nervioso (...), así es cómo se orientan por los olores de las flores en la naturaleza, y cuando se posan sobre una planta que es la fuente de su alimento sacan su probóscide para recoger esa comida de las flores", explica.

En su investigación, ha hecho experimentos con el olor de eucalipto porque en el centro para jóvenes científicos no permiten usar sustancias peligrosas.

"Las abejas tienen de verdad un enorme potencial", asegura Filipovic, al tiempo que lamenta el peligro que para estos animales supone el frecuente uso de pesticidas. Según el joven científico, las investigaciones con abejas son todavía bastante esporádicas en el mundo pero su mayor uso con fines científicos podría impulsar la protección de este útil insecto. En ese sentido, recuerda un reciente proyecto piloto de científicos de EEUU para el uso de abejas en los aeropuertos, en lugar de perros, para la detección de ciertas materias.

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