Científicos diseñan una tela que inhibe el crecimiento de hongos y bacterias

 3 marzo, 2014
Pedro Guzmán y Georgana Segura manipulan el equipo que deposita el cobre en la tela (arriba). Una tela cambia de tonalidad al ser expuesta al cobre. Esta (izquierda) fue expuesta 10 minutos; los casos de prueba solo llegaron a 4 minutos. El plasma se ve verde por el gas argón (derecha). | JORGE ARCE
Pedro Guzmán y Georgana Segura manipulan el equipo que deposita el cobre en la tela (arriba). Una tela cambia de tonalidad al ser expuesta al cobre. Esta (izquierda) fue expuesta 10 minutos; los casos de prueba solo llegaron a 4 minutos. El plasma se ve verde por el gas argón (derecha). | JORGE ARCE

La ciencia ofrece batallas desiguales. En un laboratorio de Cartago, un puñado de científicos utilizan los últimos avances en plasma (cuarto estado de la materia) para luchar contra un problema tan mundano como el pie de atleta. Por ahora, van ganando.

El Laboratorio de Plasma del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) está desarrollando un sistema para crear una tela que impida el crecimiento de microorganismos como bacterias y hongos y su migración al textil.

Esta propiedad se consigue luego de “impregnar” la tela con partículas de cobre.

Para realizar esto, el plasma funciona como una especie de vehículo para transportar ese metal. La tela que resulte tras estas pruebas podría utilizarse para fabricar medias para atletas o gasas de uso médico, que faciliten la sanación o eviten la infección en los humanos.

Imagen sin titulo - GN
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Este experimento es parte de un área del quehacer científico llamada medicina de plasma.

El equipo, dirigido por Saúl Guadamuz, ya tuvo su primer éxito: en una prueba con tela de algodón lograron probar que, al “inyectarle” ciertas cantidades de cobre y con la ayuda del plasma, se reduce la cantidad de bacterias en tejidos de algodón.

“Se vio en microscopio qué había sucedido y el resultado es una disminución en la tasa de crecimiento de la bacteria en la tela. ¿Qué nos dice esto a nosotros? Que, efectivamente, esto ocurre; no es idea nuestra”, apuntó Guadamuz, especialista en ingeniería electrónica.

Las primeras pruebas fueron cuantitativas y los investigadores todavía no tienen claro el porcentaje de disminución. Ahora sigue una segunda etapa para determinar la cantidad de cobre necesaria para lograr el efecto.

Depositar plasma. Hay dos actores básicos en este proceso: el cobre y el plasma. El cobre será “la espada y el escudo” antibacteriano y el plasma el “carro” que lo llevará a su destino: una tela blanca de algodón de 5x5 centímetros cuadrados.

El proceso de inyectar en el tejido tiene su ciencia. Para lograrlo, primero debieron comprar una fuente de cobre, que en el gremio llaman el “objetivo”.

En este caso, fue un pequeño disco de una pulgada de diámetro y 0,125 pulgadas de ancho, hecho 99,9% de cobre.

“Ese objetivo yo lo expongo a gas plasma, que es un gas ionizado, y arrancan átomos de cobre de ese objetivo y lo depositan donde quiera que llegue el plasma”, apuntó el investigador Guadamuz.

Tras desprender estas partículas de cobre, el plasma llega a la tela y deposita allí el metal. Se hicieron pruebas a tres diferentes telas expuestas a uno, dos y cuatro minutos bajo el plasma.

Posteriormente, se colocaron en un platillo de cultivo donde esperaba una pequeña colonia de la bacteria Escherichia coli y luego las dejaron 24 horas a ver qué pesaba.

“Las bacterias no trataban de invadir o de cruzar hacia la tela que había sido expuesta”, explicó el estudiante Pedro Guzmán, parte del equipo de trabajo, que también incluye a los alumnos José Asenjo y Georgana Segura.

Medicina metálica. Las propiedades antibióticas del cobre son conocidas desde la Antigüedad.

Un estudio publicado en 2010 en la revista científica Applied and Environmental Microbiology, reporta que los egipcios utilizaban el cobre en el 2600 a. C. para esterilizar heridas en el pecho y agua potable.

Incluso, existen medias que se tratan con cobre, confiesan los investigadores. Sin embargo, estas usan otro método: enhebran filamentos o hilos de este metal entre el tejido del algodón.

“Comercialmente, hay aplicaciones para atletas o quienes sufren enfermedades en los pies, como hongos, de entrelazar fibras de tela con filamentos muy finos de cobre. Como se podrá imaginar, meter hilos de cobre es complicado”, apuntó Guadamuz.