17 septiembre, 2014
El informe de la Comisión Océano Mundial alerta sobre los peligros que se enfrentan y plantea ocho propuestas para recuperar y preservar la salud de los océanos.
El informe de la Comisión Océano Mundial alerta sobre los peligros que se enfrentan y plantea ocho propuestas para recuperar y preservar la salud de los océanos.

El Mercurio, Chile

Esta monumental investigación mundial sobre el estado global de los mares se realizó en 2010 y fueron necesarios cuatro años para analizar sus resultados."En los océanos viven entre un 10 y un 30% más peces de los que se pensaba hasta ahora", dijo ayer en Barcelona Carlos Duarte, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC) y coordinador de la expedición.

"En el agua por debajo de donde la luz solar no alcanza, vive una biomasa de peces hasta 10 veces mayor de lo que se pensaba", afirmó, destacando que ciertos animales que habitan entre los 400 y 700 metros de profundidad, como el pez linterna o el pez dragón, tienen la facultad de esquivar las redes.

La investigación también reveló que los océanos igualmente son ricos en virus y bacterias con composiciones genéticas desconocidas hasta ahora.Los científicos guardaron miles de muestras con microorganismos y su ADN, recogidas a 4.000 metros de profundidad en el Atlántico, el Pacífico y el Índico.

Algunas quedaron selladas para que se abran dentro de 20 años, cuando se espera contar con nuevos métodos analíticos avanzados. Así, los futuros investigadores podrán conocer en detalle este tesoro natural. Uno de los mayores hallazgos fue que no existe una isla de plástico en medio del Pacífico.

"No hay zonas de concentración mayor, es un mito. No alcanzan a ser tan densas como para transformarse en islas", dice a "El Mercurio Jordi Dachs, investigador del CSIC de España, que estuvo a cargo de monitorear la presencia de contaminantes atmosféricos en el mar durante la expedición.

Según lo que pudieron estimar, en medio del océano la concentración de plástico es menor a un gramo por metro cuadrado.Aun así, estimaron que existen al menos cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en los llamados desiertos marinos. Estas son zonas donde no hay corrientes marinas.Por ende, en los océanos no hay tanto plástico como se creía.

Una de las hipótesis que estudian es que alguna de las bacterias encontradas lo puedan destruir o que sea consumido por ciertos peces que viven en las profundidades.Durante la expedición, los científicos confirmaron que los contaminantes químicos se hallan extendidos por todos los rincones del océano. Detectaron altas concentraciones de hidrocarburos aromáticos policíclicos, que se generan durante la combustión del petróleo y carbón.

"Hay mucha concentración, no ha bajado respecto de mediciones anteriores", dice Dachs. "Mientras sigamos usando petróleo y carbón, los niveles se mantendrán altos".Más optimista es la situación de las dioxinas, otro contaminante generado en procesos industriales. "Los niveles han bajado porque existe un mayor control respecto de estas emisiones".La expedición involucró la participación de dos barcos: el Hespérides, de la Armada Española, y el Sarmiento de Gamboa, del CSIC.

El primero partió el 15 de diciembre de 2010 desde Cádiz, España, y recaló en Río de Janeiro, Ciudad del Cabo, Perth, Sydney, Auckland, Honolulu y Cartagena de Indias. El segundo exploró el Atlántico durante dos meses entre febrero y abril del mismo año.Durante los siete meses de navegación, los científicos cubrieron una distancia combinada de más de 35 mil millas náuticas (64.820 km).

La expedición Malaspina es un proyecto gestionado por el CSIC y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad de España , además de otros organismos públicos y privados. Contó con un presupuesto de casi de 7 millones de euros (9 millones de dólares).

El nombre de la expedición recuerda al teniente español Alejandro Malaspina, quien entre 1789 y 1794 lideró una expedición científica que circunnavegó el planeta.

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