Por: Marcela Cantero 7 julio, 2015
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Poco más de seis años han pasado desde que el científico Franklin Chang fijó su meta de llevar el motor de plasma a su prueba final en el espacio.

Inicialmente, el exastronauta costarricense fijó el 2008 como el plazo para lograr completar esa etapa.

“Queremos montar el primer prototipo en órbita en el año 2008”, dijo en una entrevista publicada por La Nación el 6 de julio del 2005, dos días antes de dejar la agencia espacial estadounidense NASA para abrir su empresa, Ad Astra Rocket.

Ahora, 10 años después de iniciar ese reto, el científico tico fijó un nuevo plazo: el 2017.

¿Por qué hubo atrasos en su cronograma inicial?

“No pudimos predecir el descalabro financiero que ocurrió entre los años 2007 y 2008, cuando ocurrió la fragmentación financiera, empezando en Estados Unidos y en el resto del mundo”, explicó Chang en conversación telefónica desde Houston.

“Esa crisis retrasó bastante las metas fijadas, no por la parte técnica, sino por la parte financiera. La parte técnica sí ha resultado, tal y como lo habíamos planificado, pero la parte financiera realmente se retrasó”, agregó el costarricense.

Sobre sus finanzas, Chang mantiene el estimado de inversión dado en el 2005, de $150 millones, como el monto necesario para poder propulsar su motor de plasma hacia el firmamento.

“Llevamos $30 millones de inversión en el proyecto, más los $10 millones obtenidos recientemente de la NASA”, comentó sobre este tema.

De hecho, una de las estrategias aplicadas por Chang para obtener más fondos ha sido diversificar su compañía.

“A raíz de ese cambio del panorama financiero, hemos diversificado nuestro negocio, llevando la empresa al campo de las energías renovables”, dijo.

De esa forma, este aventurero del espacio se refiere a su integración a la Junta Directiva de la firma estadounidense fabricante de motores de diésel, Cummins Inc., desde hace cinco años.

En marzo pasado, esa multinacional abrió un centro de servicios y de distribución aquí, en La Uruca, con una inversión inicial de $7,6 millones.

“En el área de metano, mezclas de metano con hidrógeno, estamos trabajando en ese tema: lograr fuentes renovables de combustible –para vehículos– a fin de sustituir fuentes extraídas del petróleo”, detalló Chang.

“De hecho, el proyecto con Recope iba en esa línea, uso de energía renovable en Costa Rica, desarrollando técnicas para aprovechar desechos orgánicos de industrias agrícolas, como la piña”, agregó, en referencia al convenio que rompió con la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) debido a enredos legales y administrativos a nivel estatal.

Sin embargo, su plan estrella es el motor de plasma VASIMR, que, por ahora, deberá esperar al 2017 para conocer el espacio.