La percepción del ritmo musical es más precisa para las notas de tonos bajos, mientras que la melodía es campo de acción de los tonos altos.

 20 julio, 2014

Los músicos de primera guitarra normalmente son los que tocan llamativos solos mientras que al intérprete del bajo únicamente le queda trabajar el ritmo laboriosamente. Esa aparente injusticia pudiera haber sido determinada por la fisiología del oído.

Una investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) sugiere que la percepción del ritmo musical es más precisa para las notas de tonos bajos.

Laurel Trainor y sus colegas de la Universidad McMasterm en Hamilton, en Canadá, afirmaron que sus descubrimientos explican por qué en la música de tantas culturas el ritmo es llevado por instrumentos de tono bajo mientras que la melodía tiende a ser tomada por el tono más alto.

Esto es tan cierto para los ritmos de percusión de tono bajo de la música clásica india y el gamelán indonesio como para el doble bajo caminante de un conjunto de jazz o la parte de mano izquierda de una sonata de piano de Mozart.

Estudios previos demostraron que la gente tiene mejor discriminación de tono para las notas altas, motivo por el que los saxofonistas y primeras guitarras a menudo tienen solos a un registro chillante. Ahora parece ser que el ritmo funciona mejor en el otro extremo de la escala.

Tanto en su banda actual como en The Beatles, el bajo de Paul McCartney es el encargado del ritmo. | NYT PARA LN
Tanto en su banda actual como en The Beatles, el bajo de Paul McCartney es el encargado del ritmo. | NYT PARA LN

Llevando el tiempo. Los investigadores usaron la técnica de electroencefalografía (EEG; sensores eléctricos colocados en el cuero cabelludo) para monitorear las señales cerebrales de gente que escuchaba torrentes simultáneos de dos notas de piano, una alta y otra baja, en intervalos igualmente espaciados. Ocasionalmente, una de las dos notas fue reproducida ligeramente antes (únicamente 50 milisegundos).

Analizaron los registros de EEG en busca de señales de que los participantes lo hubieran notado. Esa detección cerebral apareció como un pico característico en la actividad eléctrica, conocido como potencial de disparidad (MMN), producido por la corteza auditiva del cerebro aproximadamente entre 120 y 250 milisegundos después de que el sonido desviado llegó al cerebro.

Es un indicio conocido de que el cerebro percibe algo mal; cierto tipo de respuesta “¿Ehh?” que ya se había estudiado para detectar la respuesta de los escuchas a “errores” en tono.

Los investigadores descubrieron que las señales MMN fueron consistentemente más largas para el destiempo de una nota más baja que para el de una más alta.

También midieron la habilidad de los participantes para ajustar el golpeteo de los dedos a desviaciones en ritmos musicales y descubrieron que era significativamente mejor para las notas más bajas.

El MMN no depende del reconocimiento consciente de un error de ritmo. De hecho, a los participantes se les pidió que vieran una película muda durante las pruebas y que no prestaran atención a los sonidos que escucharan. Aunque Trainor dice que “las diferencias en el rimo son bastante perceptibles”, la respuesta MMN precede a cualquier consciencia de ellas.

Súbale. Los investigadores usaron un modelo computacional para descubrir cómo responde el oído a pruebas de sonido y hallaron que la señal del nervio auditivo conectado a la cóclea, una parte del oído interno central para escuchar, proveía un indicio menos claro del ritmo de una nota en tono alto que en bajo. Se sugiere que las diferencias surgen en una etapa pronta del proceso cognitivo.

Tecumseh Fitch, científico cognitivo de la Universidad de Viena, dice que el estudio “provee una hipótesis muy plausible sobre por qué las partes bajas juegan un papel crucial en la percepción del ritmo”.

Para Henkjan Honing, musicólogo cognitivo de la Universidad de Ámsterdam, hay otras interpretaciones. La calidad de tono de la nota, conocida como timbre, podría ser importante: “El uso de una nota de piano podría estar colaborando a la diferencia observada. Se deberían usar distintos timbres para demostrar que realmente es el tono lo que causa el efecto”, dijo Honing.

Fitch señaló que para notas bajas más fuertes y profundas que las utilizadas en estas pruebas, la gente también pudiera sentir en su cuerpo la resonancia, no solo escuchar en los oídos, ayudándonos a llevar el ritmo.

Por ejemplo, cuando los sordos bailan pudieran subir los bajos y reproducirlos muy alto, para que “literalmente puedan ‘sentir el ritmo’ vía resonancia basada en torso”.