Falta de tierra y alza del nivel del mar ponen a pensar en ‘nuevas Venecias’

 16 abril, 2014
1 k Este es el proyecto Biosphera 2, una ciudad flotante autosustentable que podría albergar a turistas, científicos interesados en el océano o comensales. Fue diseñado por el británico Phil Pauley. 2 y 3 k El Instituto del Mar de EE. UU. quiere crear varias villas flotantes, y la oficina japonesa Shimizu va tras una ciudad que flotaría en el Pacífico ecuatorial. | EL MERCURIO
1 k Este es el proyecto Biosphera 2, una ciudad flotante autosustentable que podría albergar a turistas, científicos interesados en el océano o comensales. Fue diseñado por el británico Phil Pauley. 2 y 3 k El Instituto del Mar de EE. UU. quiere crear varias villas flotantes, y la oficina japonesa Shimizu va tras una ciudad que flotaría en el Pacífico ecuatorial. | EL MERCURIO

Las ciudades del futuro siempre han sido imaginadas con enormes rascacielos y con varios niveles de carreteras aéreas, pero hay unos pocos que ven en el agua una nueva forma de expandir territorio. La idea no es necesariamente nueva, pero ahora ha tomado un poco más de fuerza por las consecuencias del cambio climático.

Así, no solo se trataría de ganarle terreno al mar o construir transatlánticos donde viva gente permanentemente, sino de verdaderas islas que flotan independientes de los continentes y que viajarían de un puerto a otro.

Una de estas grandes ideas se llama Biosphera 2 , una ciudad flotante autosustentable, que podría albergar a turistas, científicos interesados en el océano o comensales. Creado por el británico Phil Pauley, la ciudad estaría contenida en una gran esfera, la que le permitiría sumergirse completamente si el clima en el mar es muy duro.

Por otro lado, en el Instituto del Mar de EE. UU. quieren crear varias villas flotantes. Estas no solo serían autónomas porque no pertenecerían a ningún país, sino que también serían una especie de experimento social y de gobernanza. Aun así, la organización está buscando un país que las aloje en sus aguas para asegurar que los habitantes puedan cruzar a tierra firme para abastecerse si lo requieren.

Mientras, la oficina japonesa de arquitectura Shimizu ofrece una “ciudad botánica”. La filosofía detrás del proyecto es reencontrarse con la naturaleza en un ambiente totalmente nuevo y único. La ciudad flotaría en el Pacífico ecuatorial, lejos de los tifones, aseguran, y estaría compuesta por unidades separadas de torres con capacidad para 300.000 personas, las que vivirían a 700 metros sobre el nivel del mar (msnm). Todo, por supuesto, de forma autosustentable.

Nada nuevo. Pedro Serrano, arquitecto de la Universidad Técnica Santa María de Chile, cuenta que pequeñas ciudades flotantes existen hace cientos de años en el borde de ciudades como Hong Kong, o en algunas costas del borde africano. “Venecia es una ciudad que casi flota, y los uros del Titicaca aún flotan sobre aldeas de totora”, detalla.

Por lo mismo, agrega, y conforme al desarrollo, “hoy tenemos en el mundo la tecnología para hacer ciudades flotantes, que además pueden viajar. Por lo tanto, no solo son factibles, sino que cada vez en mayor escala. Es posible diseñar islas de un tamaño tal que resulten inalteradas por tormentas y oleajes gigantes, las que podrían albergar millones de habitantes”.

Y eso es exactamente lo que ofrecen todos los proyectos que existen en carpeta. La idea de vivir de forma segura en el agua y en ambientes controlados se ve auspicioso, pero el problema es que no hay financiamiento suficiente para su desarrollo. “Estos proyectos son más bien ideas de ciudades futuristas”, opina Isabel Serra, arquitecta del Laboratorio Ciudad y Territorio de la Universidad Diego Portales. “No tiene mucho sentido trasladarse al agua si hemos vivido en tierra por miles de años; si no, habríamos migrado antes”.

Es cierto, concuerda, que ciertas ciudades asiáticas no tienen suelo para continuar creciendo, pero esto es más bien ganarle terreno al mar, más que mudarse a él.

“Esto se trata más bien de ciencia ficción y no veo que sea necesario tener ciudades flotantes, aunque sí sean factibles”, dice Felipe Link, del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica.

De cierta manera, agrega, con los grandes transatlánticos esto ya está ocurriendo. Sin embargo, a su juicio, al escalarlo a ciudades serían muchos los desafíos que aparecerían con la vida en el mar. “En el caso hipotético de que se implementaran, el problema estaría en quién iría a vivir ahí. Se trataría de una especie de aislamiento programado donde los mismos habitantes tendrían que afrontar el desafío de lidiar con las dinámicas urbanas –con los límites físicos de una isla– y de determinar cómo sería el intercambio con el exterior”, explica.

Sebastián Bianchi, director de la Escuela de Arquitectura del Campus Creativo UNAB, se manifestó reticente a la idea, pero agrega que las ciudades flotantes podrían convertirse en una oportunidad para repensar el futuro. “Podría tratarse de pequeñas extensiones urbanas artificiales dedicadas al ocio, como hoteles”, ejemplifica.

“Pero también hay que entender que un asentamiento flotante significa desplazar de alguna manera a la ciudad –que por concepto se funda– y hacerla nómada. El agua cerca de los asentamientos ha tenido funciones defensivas o de comercio, pero ¿qué pasaría si puedo desplazarme siempre hacia condiciones climáticas más favorables o reabastecerme en cualquier puerto?”, dice Bianchi.

El problema está en que los grandes asentamientos permanentes tal como los entendemos hoy son de una enorme complejidad de interacción social y otros factores, por lo que si bien las ciudades flotantes se podrían repensar como posibilidad, vivir en ellas no sería algo trivial.

¿Se podría? Ahora bien, las dificultades que tendrían estas ciudades flotantes serían las mismas que tienen las megaciudades de hoy, opina Pedro Serrano. “¿Podrán producir su propia comida de un modo sustentable? Sí, es posible. Las tecnologías existen bajo y sobre el agua, y lo que falla hasta ahora es el modelo”, asegura.

Lo mismo pasa con la producción de energía limpia, la basura y el agua: hoy ya hay formas de hacer todo ello sustentablemente.

Aun así, para Isabel Serra el mar no es el lugar tranquilo e idílico que muestran las fotos de los proyectos. El cambio climático o los maremotos son grandes factores a considerar. “El principal obstáculo no está en la tecnología, sino en el cambio de percepción”, asegura Koen Olthuis, arquitecto líder de la firma holandesa Waterstudio.NL , que dedicada a promover construcciones flotantes.

“Toma tiempo hacer entender a gobiernos o municipalidades sobre la seguridad y sustentabilidad de este tipo de arquitectura”.

“Nuestras ideas van más allá de solamente flotar, se trata más bien de desarrollos dinámicos para las ciudades futuras. En ellas se podría cambiar la configuración y ubicación de casas, colegios, caminos y parques, con una flexibilidad total. Son ciudades híbridas, donde parte de ellas está en el agua, e igual de dinámicas que un teléfono inteligente, al que se le puede agregar o quitar aplicaciones según se necesite”, dice.

No es solo futuro, es también presente. Bianchi explica que las ciudades flotantes modernas existen desde hace tiempo con los transatlánticos. “No tienen todas las complejidades de una ciudad, pero emulan varias cosas. Son lugares de habitación, con cultura, alimentación y comercio disponibles”, dice.

Una forma de evolución que podría tener esto, agrega, sería la de varios transatlánticos moviéndose juntos y que podrían asemejar a dinámicas urbanas más tradicionales. De momento lo más cercano a ello es Freedom, un enorme crucero que tendrá capacidad para albergar a 50.000 residentes permanentes.

La nave circunnavegará el planeta cada tres años, y semanalmente se acercará a un puerto distinto para que ferris de alta velocidad lleven a sus habitantes y tripulación a tierra firme. Esto, porque con sus 3.000 toneladas de peso, más de 1.300 metros de largo y 220 de ancho, no entrará en ningún puerto.

Su costo total está previsto en $10.000 millones, pero aún no recaudan los fondos para comenzar su construcción.