3 agosto, 2016
Esta ilustración muestra el entorno de un agujero negro supermasivo situado en el centro de la galaxia activa NGC 3783 en la constelación Centauro.
Esta ilustración muestra el entorno de un agujero negro supermasivo situado en el centro de la galaxia activa NGC 3783 en la constelación Centauro.

Santiago

Dos científicos chilenos lograron recrear mediante simulaciones computacionales el crecimiento de algunos de los primeros agujeros negros del universo desde hace miles de millones de años hasta hoy en día.

Con esto, lograron dilucidar cómo pudieron crecer tan rápido los primeros agujeros negros súper masivos, es decir, "aquellos que se desarrollaron durante los primeros mil millones de años del cosmos", explicó Joaquín Prieto, investigador del departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, en un comunicado divulgado este miércoles.

"El transporte de masa en el centro de las galaxias permitía crecer a los agujeros negros convirtiéndose luego en los agujeros negros súper masivos que hoy se observan como cuásares (objetos muy luminosos y lejanos)", dijo.

Prieto y su colega Andrés Escala, profesor en la misma universidad, concluyeron que el gas que existe en el espacio puede moverse desde el borde de las galaxias hacia su centro debido a los efectos de la gravedad, y principalmente a las turbulencias que dominan el gas, todo esto producido por el crecimiento de los agujeros negros.

Los investigadores alcanzaron estos resultados luego de realizar tres simulaciones computacionales durante dos meses, utilizando 240 procesadores del supercomputador Leftraru, el más poderoso en la actualidad en Chile.

"El proceso de análisis tardó unos cinco meses, sumando un total de aproximadamente siete meses de trabajo", detalló Prieto.

Los especialistas planean continuar realizando simulaciones con el fin de incluir otros procesos astrofísicos para tratar de entender qué pudo ocurrir durante la formación de las primeras galaxias para dar origen a los agujeros negros súper masivos que se observan actualmente.

El trabajo fue publicado en la revista Monthly Notice of Royal Astronomical Society, una de las revistas de referencia mundial de astronomía y astrofísica.