2 septiembre
 Las ballenas azules acumulan, durante la época seca, genes con la capacidad de formar más melanina (sustancia relacionada con la pigmentación y el bronceado) en su piel. Así se protegen de la radiación ultravioleta. | AP/ARCHIVO
Las ballenas azules acumulan, durante la época seca, genes con la capacidad de formar más melanina (sustancia relacionada con la pigmentación y el bronceado) en su piel. Así se protegen de la radiación ultravioleta. | AP/ARCHIVO

Sídney, Australia

Las ballenas que existieron hace miles de años tenían una dentadura de depredador muy afilada, como los leones, según un estudio de científicos australianos.

Existen dos grandes grupos de cetáceos, los que tienen dentadura, como las orcas, y los que tienen unas láminas córneas, llamadas barbas de ballena, que les permiten filtrar el agua que les entra por la boca y atrapar plancton y peces pequeños.

Un grupo de paleontólogos de los museos Victoria y de la universidad Monash han creado modelos en tres dimensiones a partir de fósiles de ballena y los han comparado con las actuales, indica la revista Biology Letters.

Es así cómo han descubierto que estos ancestros de las actuales ballenas de tipo franca austral y azul, tenían una dentadura mucho más afilada.

"Estos resultados demuestran por primera vez que las ballenas del pasado tenían una dentadura muy afilada con una única función: cortar la carne de sus presas", explica Erich Fitzgerald, responsable de paleontología de los vertebrados en los museos Victoria.

"Al contrario de lo que piensa mucha gente, las ballenas nunca usaron su dentadura como si fuera un colador, sino que evolucionaron más tarde hasta su sistema actual de alimentación por filtrado", asegura.

Hasta ahora existía la teoría que las ballenas de esa época filtraban la comida usando sus dientes, que cerraban creando una especie de colador, igual que hacen las actuales focas de la Antártida.

Pero el estudio publicado esta semana apunta a que las ballenas "han cambiado totalmente su biología para alimentarse", según el investigador David Hocking.

Los investigadores reconocen que todavía queda mucho por descubrir sobre el origen de las barbas de la ballena, el animal más grande del planeta pero que se alimenta de las criaturas más pequeñas de los océanos.

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