Un cierre a la altura
Reímos,
sufrimos y aprendimos
- Durante
cuatro meses, unos 2.500 participantes semanales en promedio,
demostraron
cuán bien conocen su país. Hasta resultó paradójico
que los ticos, famosos por lo mucho que se complican a la hora de dar
direcciones, tuvieran la brújula tan afinada.
La aventura arrancó el
domingo 1ƒ de junio y echó por tierra el plan original
de ofrecer a los concursantes diez oportunidades de entretenerse, aprender,
concursar y ganar. °Cinco domingos más! fue la súbita
decisión que tomamos a principios de agosto, cuando el caudal
de participaciones rondaba todavía las 3.000 por semana.
A través de comentarios personales, correos electrónicos,
faxes, y llamadas telefónicas, nos enteramos de que las imágenes
satelitales cautivaron a miles de personas y hasta cambiaron la rutina
dominical de muchas familias que, mapa en mano, se iban de paseo a
corroborar qué sitio estaba en cada cruce de coordenadas.
La participación récord se logró con la fotografía
satelital de Desamparados, publicada el 6 de julio, con un total de
3.994 cupones. En el extremo opuesto se ubicó la imagen de Canoas,
en Corredores, cuyo grado de dificultad redujo a solo 228 la cifra
de concursantes.
Nosotros, en la Revista Dominical, también aprendimos de geografía
y división territorial del país; pero no todo fue diversión.
Nos tocó tratar con participantes quisquillosos, enojados o
desesperados por "una sopladita". Y nos sorprendió la
acuciosidad de concursantes que se tomaron el tiempo de medir, en el
sitio, cuántos metros cuadrados del distrito de San Francisco
de Dos Ríos se "colaron" en la imagen satelital del
cantón de Desamparados. El error ‚que, a la hora de montar
la foto, nadie notó‚ nos puso en aprietos y, queriendo
ser justos, optamos por premiar a dos concursantes.
Esa historia ya la habíamos contado, pero muchas otras peripecias
ocurrieron de camino, como las veces en que Juan Fernando Cordero,
jefe de información del periódico, tuvo que ir a hacer "inspección
ocular" a la zona, en busca de lugares suficientemente conocidos
para que los participantes identificaran.
O el día que la periodista Ivannia Varela recibió la
llamada de un señor que solo se identificó como "Luis",
quien le contó que en ese justo instante estaba subido sobre
el techo de un edificio de varios pisos tratando de aguzar el ojo para
descifrar si el punto F-2 era un colegio o un centro comercial.
Los miércoles ‚día en que se recibía la
totalidad de los cupones depositados en las sucursales de La Nación‚ varios
concursantes nos pusieron a reír con las leyendas que anotaban
en los cupones. "°Que gane este, que gane este!" "°Chiquitibún
a la bim bom ba. A la bao, a la bio, a la bim bom ba, el mío
el mío, ra, ra ra!" "Tengo 80 años de edad
y unos 75 de recorrer las calles de Alajuela. Por eso, sé que
todas las respuestas de este cupón son correctas".
No faltaron los cupones impecablemente escritos a máquina (la
letra de algunas de estas máquinas de escribir delataba su antigüedad),
el cupón doblado en forma de barquito de papel, y el que su
remitente guardó en un sobre que luego selló con el logo
de la Revista Dominical bien recortado y pegado con goma. Tampoco los
cupones que, evidentemente, fueron llenados a la hora de comer pues
traían impresas las marcas del menú.
La semana del 25 de agosto, el teléfono y el correo electrónico
se nos saturaron de participantes convencidos de que Colima no era
un distrito del cantón de Tibás. Y aquí se puso
de manifiesto cuán amplio es el mosaico de personalidades de
nuestros lectores: recibimos toda clase de consultas y quejas, desde
la llamada respetuosa hasta la carta amenazante e irónica. A
todos tratamos de brindarles una respuesta satifactoria: que Colima
se convirtió tardíamente en distrito de Tibás
mediante el decreto ejecutivo 28109-G del 17 de agosto de 1999.
La gran ausente
Lo sucedido con la provincia de Cartago ‚cuya ausencia nos han
reclamado tantos lectores‚ nos obliga a ofrecer una explicación
pública.
Nadie insistió tanto como nosotros en conseguir esa foto, pero
todos los esfuerzos fueron infructuosos porque la "ciudad de las
brumas" se empeñó en hacer gala de su nombre. Todos
los intentos del satélite Quickbird por fotografiar Cartago
(el centro, La Unión, Turrialba, Paraíso, Cervantes,
Orosi y los otros centros de población de la provincia) fueron
infructuosos, pues la niebla empañó siempre las imágenes.
Quedaremos en dedua perenne con los habitantes de la Vieja Metrópoli
que, esperamos, sepan comprender.
Antes de cerrar este capítulo, quienes producimos cada semana
la Revista Dominical queremos agradecer a nuestros lectores y concursantes
su gran acogida. °Prometemos seguirlos sorprendiendo en el futuro!
Larissa Minsky A, editora.