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Callejón con salida

Triste turismo sexual josefino

Actualizado el 20 de junio de 2013 a las 05:06 pm

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Triste turismo sexual josefino

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El gringo promedio que camina por el casco central capitalino viste pantalones cortos y camisas floreadas, tiene canas y arrugas, es abuelo pensionado, huele a tabaco y a licor; y anda en busca de mujeres bonitas. Como todas las características señaladas lo hacen un partido poco atractivo para atraer conquistas, recurre a su billetera.

San José se ha convertido en un destino turístico sexual. Cuando me mudé a vivir al centro de la ciudad me chocó e indignó ver a estos red necks merodeando bares–estilo "americano"– y casinos, siempre a la caza de una trabajadora del sexo.

"No somos solo su patio trasero, también su burdel", me lamenté.

Recuerdo cuando visité Ámsterdam en el 2010; el famoso Red Light District, en donde clientes libidinosos de todas partes del mundo seleccionaban a mujeres (también de todas partes del mundo), que se contoneaban desde sus vitrinas, como si fueran mercancía.

Una chica que conocí por allá, Cristel, estudiante de Medicina de 29 años, me lo señaló en forma certera. "A los holandeses no nos gusta el Rosse Buurt (zona roja), los que llegan son turistas extranjeros, los que trabajan allí son inmigrantes de Europa del este y Latinoamérica, con muchas necesidades. No nos gusta el tipo de imagen que se crea en torno al sitio, es desagradable".

Pues yo, en San José, me siento como Cristel, en Ámsterdam.

Hace poco Revista Dominical publicó, por medio de la pluma de Darío Chinchilla, un reportaje sobre el turismo sexual josefino; en el cual se describe las motivaciones que llevan a los estadounidenses a visitar Tiquiswitzerland en busca de sexo.

De todo el texto (lectura obligatoria) lo que más me impactó fue la relación simbiótico que se teje entre el turista y la trabajadora de sexo, cuando el vínculo trasciende el acto coital.Narra el reportaje que hay un grupo de gringos que buscan the girlfriend fantasy experience (la experiencia de fantasía de noviazgo). Estos tipos de autodefinen comomongers. Ellos mantienen relaciones de cierta exclusividad con algunas trabajadoras sexuales, y además de tener sexo, comparten espacios de ocio y recreación; las mujeres, por su parte, se vuelven sus compañeras durante su estancia acá. "Este tipo de vínculos diluye la relación entre el cliente y la trabajadora del sexo, y ella empieza a realizar funciones de guía turística, le ayuda con trámites bancarios, lo acompaña a citas médicas... Algo que tortura a estos turistas es saber si las lágrimas de estas mujeres son verdaderas, porque lloran como magdalenas cuando los van a dejar al aeropuerto", plasma el reportaje, citando al investigador Jacobo Shifter.

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Impactado por esta frase volví a echar un vistazo por las calles josefinas. Los abuelos norteamericanos– tal vez no todos, tal vez no la mayoría– no es realmente sexo lo que buscan, es, a lo mejor, un poco de compañía.

En el ocaso de sus vidas, caminan en bermudas por la sección urbana de un paraíso tropical, en busca, a primera vista, de sexo con latinas caderudas; mas en realidad el verdadero tesoro está en el afecto que le puede dar alguna de estas muchachas. El secreto es saber dar con una que, al igual que ellos, requiera compañía, y no un cliente -aunque sea por unas semanas- y así una relación que surgió como un intercambio comercial, se convierte en relación, así, sin adjetivo.

Sin duda, las trabajadoras del sexo realizan su labor impulsadas por pagar cuentas y saldar deudas; un trabajo más, claro que el de ellas es más duro... Pero, en sus jornadas no dejan de lado su humanidad, el afecto es una droga más fuerte que la cocaína. Sentir la protección de un gringo tiroloco, sentirse querida y deseada –en una sociedad construida a punta de imaginarios patriarcales que se tornan reales– es para ellas un gran atractivo; tal vez no para todas, tal vez no para la mayoría...

Y así vuelvo a echar un vistazo por San José y ya no me da tanta indignación ver a losred necks de la tercera edad tratando de conquistar, billetera en mano, a las trabajadoras sexuales. Ahora me da tristeza.

@matablanco

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