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Un paseo por el malecón de Puntarenas

Actualizado el 10 de septiembre de 2014 a las 10:34 am

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Un paseo por el malecón de Puntarenas

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Han tildado a Puntarenas como el destino turístico de los comehuevos. El sobrenombre le fue encajado con chota, una burla clasista desde la otredad de quienes sí pueden pagar los cupones de Yuplón o los “todo incluido” de Guanacaste.

Pero, sin hacer mucha bulla ni presumir de su trabajo de hormiga, el Puerto se ha remozado y ofrece un paisaje de encanto que fusiona la nostalgia con la brisa del mar, en medio de un escenario familiar, y a tan solo una hora de San José.

El faro de Puntarenas mide apenas 14 metros, pero es capaz de guiar a los navegantes que estén hasta a 24 kilómetros.
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El faro de Puntarenas mide apenas 14 metros, pero es capaz de guiar a los navegantes que estén hasta a 24 kilómetros. (matablanco)

Puntarenas nos da un ejemplo de cómo el embellecimiento de los espacios públicos atrae gente y le da valor a las comunidades y refuerza el sentido de comunidad.

Si no hubiese sido josefino, me hubiese gustado ser porterño. La alegría se refleja en la piel tostada de sus pobladores. Hace un mes caminé por el Paseo de los Turistas y  por la plazoleta del nuevo faro (recientemente inaugurado). Fue una experiencia lindísima, casi como estar en las barracas de Fortaleza en Brasil, o en el malecón de La Habana. Vigorón, Churchill, sombreros de playa, papás con los chiquitos, familias disfrutando, arroz con camarón y cerveza escarchada son parte de los ingredientes que ofrece el amistoso Puntarenas.

El faro embellece la playa, una joya que es obra de las nuevas autoridades del Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico (INCOP), quienes luego de denunciar lo que hacía la administración anterior –mantener una casa de lujo para el presidente de la institución, cuyo costo mensual era de  ¢2.5 millones– se puso a hacer obrar y a limpiar el charral.

Claro que el trabajo debe ser conjunto, involucra a asociaciones, municipalidad, vecinos, empresarios turísticos y, por supuesto, a nosotros los turistas.

Puntarenas nos da un ejemplo de cómo el embellecimiento de los espacios públicos atrae gente y le da valor a las comunidades y refuerza el sentido de comunidad.

En San José también se hace la lucha, por ejemplo lo que ha hecho el Ministerio de Cultura en la vieja estación al Atlántico, la cual se ha vuelto un centro de actividades artísticas bajo el nombre Espacio Cultural Carmen Naranjo.

Aún queda mucho trabajo en Puntarenas, en San José, en Costa Rica…Pero, eso no nos quita el chance de disfrutar de lo alcanzado hasta ahora. Este fin de semana escape de la lluvia y váyase al Puerto, no olvide empacar los sánguches de huevo duro, eso le da puntos extra al paseo.

@matablanco

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