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Goles y violencia… El Mundial exacerba el machismo

Actualizado el 03 de julio de 2014 a las 11:45 am

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Goles y violencia… El Mundial exacerba el machismo

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La lucha contra la violencia doméstica se debe dar por medio de la formación y educación de las personas, así como de la reeducación (desaprender lo aprendido y cuestionar los mandatos tradicionales vinculados a lo que significa ser hombre).@matablanco

La construcción de la masculinidad hegemónica está ligada a una serie de elementos simbólicos que al final de la jornada son los que nutren el concepto de hombre, de macho. Entre ellos destaca la fuerza, la patria, el alcohol y el fútbol. El hombre tradicional (imaginario producto del sistema patriarcal) es fuerte; defiende su patria –herencia atávica de defensa del colectivo del que se forma parte –; es tomador, aguanta grandes cantidades  de alcohol, y es futbolero: le gusta el fútbol, verlo, practicarlo, disfrutarlo, criticarlo.

Luis Guillermo Solís posó con la tarjeta roja junto a los ministros de Presidencia y Seguridad Pública, Melvin Jiménez y Celso Gamboa.
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Luis Guillermo Solís posó con la tarjeta roja junto a los ministros de Presidencia y Seguridad Pública, Melvin Jiménez y Celso Gamboa. (Facebook de Luis Guillermo Solís)

Va más allá de sacar tarjetas rojas o tomarse selfies. La lucha contra la violencia doméstica se debe dar por medio de la formación y reeducación.

Los cuatro elementos son protagonistas en el evento más esperado y celebrado en todo el planeta: el Mundial de fútbol. Por tal motivo es fácil comprender cómo el machismo se exacerba durante esta justa, así como cuando juega La Sele en El Nacional, o Saprissa contra Alajuelense.

Estuve en los primeros tres partidos de la Selección en el Estadio, allá en Brasil, y el grado de violencia que se vive en las gradas no puede pasar desapercibido, se manifiesta en ofensas en los cánticos, insultos a los rivales y hasta retos de pelea entre los aficionados.

“Que lo venga a ver, que lo vengan a ver, eso no es un portero es una puta de cabaret”, canta la afición; “gorda hijueputa”, le receta un aficionado tico una señora con la camiseta de Uruguay; “!puto!” entona las afición mexicana al jugador de la escuadra rival.

Todo esto es violencia, todo esto es agresión, pero parece que mientras se desarrolla el partido, mientras se juega el Mundial, hay una permisividad tácita. En otras esferas, en un mundo ordinario, esta violencia sería censurada.

El fútbol, empachado por cerveza y con sello nacionalista (con todo lo negativo que conlleva esta palabra) nos hace ser más violentos, más machos, y el Mundial nos da una especie de permiso para serlo.

Tal violencia se manifiesta de la forma más concreta y peligrosa en agresiones de hombres hacia sus parejas. Por celebración, enojo, descontento, tragos de más o desesperación, el agresor agrede. Queda claro que el fútbol no es el que ocasiona la agresión, sino el detonante; es decir, cualquiera que agreda por alguna de las causas explicadas es un agresor, siempre lo ha sido, no existe un criterio de excepcionalidad por el Mundial.

Celebración Fuente de la Hispanidad.
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Celebración Fuente de la Hispanidad. (Adrián Arias)

El día del  partido contra Grecia, la Fuerza Pública reportó 486 Llamadas por violencia doméstica; contra Inglaterra, 216; Italia, 335; Uruguay, 388.

El día del  partido contra Grecia, la Fuerza Pública reportó 486 Llamadas por violencia doméstica; contra Inglaterra, 216; Italia, 335; Uruguay, 388.

La situación debe hacer reflexionar a las autoridades para que tomen medidas a mediano y largo plazo, además de las inmediatas. Claramente abordar el problema requiere trabajo y proceso  y va más allá de sacar tarjetas rojas o tomarse selfies.

La lucha contra la violencia doméstica se debe dar por medio de la formación y educación de las personas, así como de la reeducación (desaprender lo aprendido y cuestionar los mandatos tradicionales vinculados a lo que significa ser hombre).

El fútbol es el escenario ideal para hacerlo, si a partir de ese elemento simbólico formamos a los niños para que entiendan la violencia y la agresión, podremos tener, en un futuro, hombres no agresores. Tanto en las escuelas de fútbol, como en el estadio o en la sala de la casa mientras se mira el juego hay que señalar y censurar la violencia, no pensarla como algo normal, no hacer una excepción; reconstruir las formas de relación y el trato con el rival, así como el manejo de las emociones: la derrota, la tensión, la victoria.

El fútbol que hoy dispara la violencia, puede ser utilizado estratégicamente para disminuirla.

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