San José |

La “zona roja”: vida digna en el margen de la sociedad

En la quinta avenida existe un submundo en donde la vida y de la dignidad humana han sufrida una depreciación con respecto al resto de la capital. La exclusión no es física, por allí pasan buses, taxis y carros particulares, hay un mercado  y hasta un puesto de la Policía; la exclusión es simbólica, quienes pueblan las calles y negocios de tal localidad carecen de los derechos más básicos; y la opción para mejorar su calidad de vida es ínfima.
La sociedad ha bautizado a este sector josefino como la “zona roja”. Indigentes, drogodependientes, narcotraficantes y trabajadoras del sexo son sus residentes. Lo malo está allí dentro, la “lacra” social está cautiva, eso, a los que estamos afuera, nos hace sentir seguros y tranquilos.
A estas situaciones el sociólogo Loic Wacquant las explica dentro del concepto de   marginalidad avanzada, esta  tiende a concentrarse en territorios aislados y delimitados, percibidos cada día más, tanto por fuera como por dentro, como purgatorios sociales: “Páramos leprosos en el corazón de la metrópoli postindustrial, donde solo aceptarían habitar los desechos de la sociedad”, expone Wacquant en su artículo La estigmatización territorial en la edad de la marginalidad avanzada.

La "zona roja" se ubica en la quinta avenida.
La "zona roja" se ubica en la quinta avenida. (Archivo.) ampliar

Convenientemente una buena parte de la sociedad, y una buena parte (gran parte) de los grupos políticos de poder ignoran la vida en la “zona roja”, la invisibilizan  o no le dan la importancia que merece.

No obstante, hay quienes sí entienden la necesidad de intervenir sectores como este y brindar a quienes allí están atrapados instrumentos para su superación, no se trata solo de asistencialismo –en todo caso un plato de sopa para un indigente es mejor que una mirada de rechazo y desprecio– sino de proyectos que buscan rescatar su bien más preciado, su dignidad.

Desde hace ya varios años existe una asociación que atiende a las trabajadoras del sexo de la zona, las capacita en sus derechos y mejora su autoestima, las asesora en temas legales y de salud, sin juzgarlas, con respeto y empatía.

Se llama La Sala y tiene su sede justo allí, en la zona más roja de la zona roja. A lo largo de su existencia ha brindando atención a más de 500 mujeres. Entre sus líderes sobresalen actuales trabajadoras de sexo, así como otras que ya no ejercen,

Una de sus misiones es derribar el estereotipo que son de “la vida fácil” (su vida realmente no es nada fácil) o, por el contrario, esas visiones en donde las ven como víctimas. Ellas quieren más derechos y menos lástima.
Las trabajadoras del sexo tienen un lugar de reunión.
Las trabajadoras del sexo tienen un lugar de reunión. (Archivo.) ampliar

No hablo de las trabajadoras del sexo que recorren barrio Amón y el Hotel del Rey (de ellas ya hablé en otro post), sino de otras con características muy diferentes y que estás en mayor vulnerabilidad; de edades avanzadas, superan los 45 años, con hijos dependientes e historias de agresión en sus espaldas.
Ellas por diferentes motivos, por diferentes circunstancias, decidieron ejercer el trabajo sexual, su decisión no viola la ley, por tanto hay que respetarla y velar porque sus derechos les sean reconocidos.

La experiencia de La Sala es una muestra de la buena voluntad humana y de cómo se puede hacer un cambio, incluso en sectores en el margen simbólico de la sociedad.

Ya lo decía Martin Luther King. “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos”. No demos la espalda, demos la mano.

@matablanco

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