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Así se vivió en la gradería el triunfo de la Sele contra Uruguay

Actualizado el 14 de junio de 2014 a las 11:40 pm

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Así se vivió en la gradería el triunfo de la Sele contra Uruguay

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“Volveremos volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como la primera vez”, el grito de los uruguayos se oye por todo el Castelao, las camisas celestes superan a las rojas por goleada, debe haber diez de ellas por cada una nuestra.

Hay hasta más amarillas, brasileños que llegaron a ver el partido sin apoyar a ninguna de las dos selecciones, parece que les es totalmente indiferente quien gane.

Hay un tipo vestido del fantasma del Maracaná, es buena gente el charrúa, me deja tomarle una foto.

Los aficionados uruguayos son simpáticos, encantadores, ¡pura vida!, se quieren tomar fotos con los ticos, hacen bromas inocentes y nos desean buena suerte.

Los aficionados uruguayos son petulantes, prepotentes, molestos e irrespetuosos, nos gritan: “costa pobre”, “sigan participando”, “van a necesitar suerte”…

El fantasma ya está muerto
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El fantasma ya está muerto (matablanco)

"Sueñen, sueñen charrúas que campeones jamás lo van a ser", les cantamos en sus orejas. Somos campeones del mundo, podemos hacer eso.

Con los aficionados ticos pasa exactamente lo mismo. El estadio, al final de cuentas, es igual que la vida, hay gente buena, hay gente mala, hay gente tuanis, hay gente “caemal”.

El previo al partido evidencia el poderío de la afición uruguaya, es como si Puntarenas jugara contra Saprissa en el Nacional. Todo es celeste, todo es charrúa.

Inicia el partido, Costa Rica juega bien, todos saboreamos la esperanza, pero rápido, rapidísimo pitan penal y nos meten el primero del Mundial. Sentí como si alguien me bajara el interruptor de encendido. Todos pensamos que pasaría la catástrofe que el mundo entero vaticinaba. ¿Es posible una goleada?, ¿jugamos como nunca y perderemos como siempre?

Los ánimos se caldean, la gente se desilusiona, estallan insultos contra los uruguayos, jugadores y aficionados, el blanco es cualquiera que lleve una camisa celeste, los ticos están secuestrados por la desilusión.

En el medio tiempo un uruguayo buena nota me habla en la fila del baño.

 –  Ese número nueve es un gran jugador, ¿quién es?”.

 Campbell, es del Arsenal.

 Wow.

Con el inicio de la segunda parte renace la esperanza. Rápido, rapidísimo Campbell hace el gol del empate. La emoción es desbordante, las gargantas se agotan de gritar tan fuerte “sí se puede, sí se puede”, “ticos, ticos, oeoeoeoe, ticos”; los uruguayos, como si alguien les hubiese bajado el interruptor de encendido, se quedan en sus silla congelados. Los ticos nos abrazamos, nos felicitamos.

No hemos terminado de celebrar el gol cuando Duarte de nuevo mueve las redes con un cabezazo. Sentimos lo mismo que la vez anterior, pero multiplicado por 10.  Pensamos que estamos en un sueño, que en cualquier momento va a llegar mamá a despertarnos para ir al cole, pero no, es realidad, le ganamos a un campeón del mundo y nos sentimos como un campeón del mundo, tocamos el cielo, rentamos un apartamento en la gloria y nos quedamos allí como si fuéramos  los propietarios.

“No se oyen, no se oyen”, le gritamos  los 2.500 ticos a los uruguayos. Los uruguayos hacen lo que hacen todos los que van perdiendo: se enojan.

“¿Qué han ganado ustedes?, cuando hayan ganado algo me avisan”, dice un hincha charrúa, harto de los cánticos costarricenses. Hay un amago de pelea entre un tico y un uruguayo, pero al final se calman, unos brasileños se meten en la bronca  y les recuerdan que  o futebol é uma festa.

La afición tica se sintió en el cielo.
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La afición tica se sintió en el cielo. (matablanco)

 Pensamos que estamos en un sueño, que en cualquier momento va a llegar mamá a despertarnos para ir al cole, pero no, es realidad, le ganamos a un campeón del mundo y nos sentimos como un campeón del mundo.

El cronómetro marca el minuto 30, comienza la agonía, el corazón se quiere escapar del pecho, las manos tiemblan, la amenaza de un gol de Uruguay nos pone a todos a comer uñas. Queremos que todo termine, pero el tiempo se empeña en caminar en cámara lenta, para torturarnos.

Entró Ureña. Ureña anota. 3 a1.

Es como el primer beso, como graduarse de la U, como comprar el primer carro, como pegarse la lotería, es alegría. Hay llanto, el mejor de los llantos, el que es de felicidad.

“Sueñen, sueñen charrúas que campeones jamás lo van a ser”, les cantamos en sus orejas. Somos campeones del mundo, podemos hacer eso.

El partido termina, hay un desorden total, los ticos somos una marea que sube y baja. Los brasileños vienen de todas partes del estadio a tomarse fotos, a felicitarnos, a gritar con nosotros.

 

¿Como é que eles dizem?

  Ticos, ticos…

  Ahh, Chticos, Chticos…

Los brasileños se hicieron ticos, se sintieron campeones del mundo.

Sigue el desorden, entre abrazos ajenos y tumultos asfixiantes encuentro a mi padre, mi compañero de viaje, no me dice nada, nos abrazamos.

Nadie quiere irse del Castelao, los jugadores tampoco, se acercan  adonde estamos,   nos saludan. José Miguel Cubero se encarama y nos deja abrazarlo. Lo único que  podemos decirle a él y a todos es: ¡GRACIAS!

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@matablanco

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