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Esto es un cuento

Revolución

Actualizado el 28 de marzo de 2014 a las 05:37 pm

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*Apunte importante: esto es un CUENTO.

No pudo guardar más silencio; imposible callar pese a su condición de concreto. Así que un día  se destapó y gritó: “Cuando sea grande quiero ser niño”.

El rumor sobre un muro parlante corrió por las avenidas, bulevares, barrios y rincones. Decenas de personas visitaban el parque donde estaba anclado el muro poeta. Sus letras negras sobre fondo blanco se transformaban sin aviso; el lunes dijo: "Nos hicimos uno al otro en la dulce celda oscura de tu vientre"¸ el jueves declamó: "Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir", el domingo gritó: "Su sonrisa me desarmó a versos, reconstrúyeme a besos".

Los amantes acampaban en el parque. Los que estaban peleados se perdonaban sus errores, los que se gustaban empezaban a quererse, los que se querían comenzaban a amarse.

Fue una epidemia, toda la ciudad se contagió de poesía.

Las palabras de los muros
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Las palabras de los muros (archivo)

Una tarde de aguacero, el muro, que no era ajeno a esa tristeza que provocan los días de lluvia, en medio de un terrible llanto anunció con voz de trueno: "A quien quiera acompañarme le cambio versos por penas" y muchas paredes atendieron el llamado y transformaron el invierno en primavera.

Cada día un nuevo mensaje, en un nuevo muro, ya no en letras negras sobre fondo blanco, ahora eran letras de moldes estrambóticos de piel multicolor.

"Es tiempo de volar"; "Gritaré para que vuelvas"; "Sus ojos fueron los culpables de todo"; "¿Qué hará el amor cuando no me visita?" la ciudad, estaba sumida en un trance de fantasía.

Uno de tantos muros no solo quiso enamorar, y hacer soñar, sino, además, hacer pensar: "Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos". La frase empezó a difundirse de boca en boca, de beso en beso.

Otro muro dijo: "Seamos realistas y hagamos lo imposible"; otro: "No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos"; otro: "No necesitamos permiso para ser libres".

Y así se fue gestando una pequeña revolución de cemento. Los amantes y peregrinos, digerían cada frase, y empezaron a ver su ciudad de forma distinta; los versos y sentimientos mutaron en denuncia, en cuestionamiento, en insurrección.

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El gobernador, acostumbrado a no rendir cuentas, a engañar y manipular, temeroso de que la revolución pasará de los muros a la acción, comenzó de inmediato una campaña de desprestigio contra los muros, los tildó de malagradecidos, conspiradores y subversivos buenos para nada.

Ante tales ataques los muros respondieron: "¿Tienen miedo a la revolución? renuncien a la injusticia y se acabarán sus miedos".

Indignado, el gobernador tomó un enorme mazo y en compañía de policías se dirigió al parque donde estaba el muro cero, el que había empezado a hablar y contagiado al resto de paredes de concreto. Con toda la ciudad como público, se dispuso a destruir al muro de un golpe brutal, pero antes lanzó unas palabras con la tiránica intención de que quedaran perpetuadas para siempre: "Puede más la fuerza que las letras".

Mientras aniquilaba al muro parlante, ladrillo a ladrillo, este escribió sus últimas palabras: "Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios".

Las paredes parlantes
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Las paredes parlantes (...)

Transcurrió el tiempo, días enteros sin que ninguna pared pronunciara palabra. El gobernador pensó que había vencido, pero una tarde cualquiera, justo al frente de la ventana de su despacho, un muro le restregó en la cara un mensaje que casi lo hace perder la razón: "Prefiero morir de pie, a vivir arrodillado".

Así, una vez más se desató la epidemia: "Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo"; "La alegría está en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha y no en la victoria misma"; "La valentía es la capacidad de hacer lo correcto, incluso cuando estás asustado casi hasta la muerte"; decían los muros retumbando como ecos.

Un asesor del gobernador, dio en el clavo para acabar con la revolución, le explicó a su patrón que debía arrancar el problema de raíz, detectar dónde habían nacido los muros parlantes y suprimir su reproducción.

Se dirigieron entonces, nuevamente en compañía de la Policía, a la fábrica de cemento.

Allí estaba el responsable de todo, el celador de la fábrica, un humilde y viejo hombre que se pasaba las noches y madrugadas recitando versos, poemas, leyendo sobre la justicia y la igualdad en voz alta, siendo escuchado por el cemento recién nacido, que se impregnó de las letras como propias hasta que ya grande, ya muro de concreto, comenzó a compartirlas.

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Ese sujeto era el causante de todo, la orden era atraparlo y hacerlo pagar el precio de la revolución.

El celador, prefirió lanzarse a una pileta de cemento fresco antes de ser capturado, para vivir de piedra, igual que como lo hicieron quienes escucharon y promulgaron sus mensajes.

La Policía rescató el cuerpo del revolucionario, frío y petrificado, y lo escondió en el rincón más oscuro y olvidado de la fábrica, para que nadie se acordara de él.

Concluyó la revolución y el gobernador proclamó su victoria.

Pasaron los años y la tiranía del gobernante topó con pared, el pueblo, cansado de callar, se levantó revolucionado y lo despojó del poder.

Reinó la armonía y la buena voluntad. Los triunfadores de la revolución fueron a la vieja fábrica de cemento, recuperaron la estatua del celador y la colocaron en el centro del parque donde por primera vez había hablado un muro, para rendirle honor al viejo.

En una ocasión, al pie del monumento, una madre le contó a su hija la historia de la revolución de los muros y de la valentía del celador y de las paredes.

La niña inquieta y deseosa de escuchar a un muro, se acercó a uno de ellos y le habló en voz baja, como si le susurrara en la oreja, mas la pared no respondió. La niña, sin querer reconocer la derrota, tomó uno de sus crayones y en letras grandes escribió sobre su mudo compañero "El que olvida la historia está condenado a repetirla".

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