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El regreso de 'El Faiko'

San José inseguro… la magia se apaga, la esperanza tambalea.

Actualizado el 07 de noviembre de 2013 a las 06:08 pm

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San José inseguro… la magia se apaga, la esperanza tambalea.

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Al gitano le decían  El Faiko, era igualito al actor Jackie Earle Haley, el que encarna a Freddy Krueger en la más reciente  película de la saga; era famoso en Salamanca, por problemático y por violento, así me lo contó una compañera española  de la U, quien me pidió –en franca solidaridad con el extranjero recién llegado-  tenerle “cuidado” al tipo.

Hace un par de años viví en España por cuestiones de estudio, en la región autonómica de Castilla y León, en la ciudad de Salamanca. A los dos días de mi llegada ya tenía apartamento, en el barrio Pizarrales, un lugar bonito y como a unos 20 minutos de la Universidad.Fue hasta después que me di cuenta que era un barrio de gitanos, es decir, la mayoría de habitantes era de etnia gitana. Allá en España la población gitana es de las que se encuentra en mayor vulnerabilidad y riesgo social, lo que ha hecho, en algunos casos, que  recurran a formas ilícitas de obtener ingresos.Tras una semana de luna de miel con Pizarrales, comenzó el acoso.

Así, más o menos, lucía El Faiko, la imagen es del actor Jackie Earle Haley.
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Así, más o menos, lucía El Faiko, la imagen es del actor Jackie Earle Haley.

El gitano es solo un recuerdo, un fantasma de cómo la inseguridad, ese sentimiento impalpable y difícil de describir, puede provocar angustia, sobre todo si ronda el lugar donde se vive.

Cada vez que recorría el camino entre mi apartamento y la U ,y viceversa, un gitano me increpaba.–¡Dame un euro!– me exigía con tono de amenaza.– Otro día– le respondía inquieto, pero sin preocuparme, cosas así ya me habían pasado en Costa Rica, y siempre daba la misma respuesta.Al día siguiente pasó lo mismo, y el día después, y así hasta volverse rutina... cada vez su demanda era más imperativa.A veces los veía a la distancia y me lanzaba una mirada de amenaza y trataba de interceptarme.–¡Dame un euro!–Otro día– contestaba, al tiempo que apresuraba el paso.–Lo mismo me dices siempre, ¡dámelo ya!– me amenazaba.Al gitano le decían  El Faiko, era igualito al actor Jackie Earle Haley, el que encarna a Freddy Krueger en la más reciente  película de la saga; era famoso en Salamanca, por problemático y por violento, así me lo contó una compañera española  de la U, quien me pidió –en franca solidaridad con el extranjero recién llegado–  tenerle “cuidado” al tipo.Se me vinieron muchas soluciones a la mente, acusarlo con la Policía, enfrentarlo con palabras fuertes, o hasta darle una patada…Al final resolví cambiar la ruta para ir a la U; un par de meses después, y por otros motivos,  cambié de domicilio.He de reconocer que hubo algunos días en que me sentí inseguro y acechado, me daba cierto temor salir de mi apartamento, no quería encontrármelo.Recuerdo un domingo en que incluso falté a una fiesta porque no quería regresar solo y tarde en la noche por el temor que me generaba El Faiko.El gitano es solo un recuerdo, un fantasma de cómo la inseguridad, ese sentimiento impalpable y difícil de describir, puede provocar angustia, sobre todo si ronda el lugar donde se vive, el cual debería ser un espacio de paz y descanso.

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Realidad josefina

Nunca me han asaltado en San José, nunca me he sentido en nuestra ciudad capital, como  me sentí en España.Siempre discuto con una vecina, de mi propio edificio, sobre el tema. Ella vive en constante alerta de un ataque de un ladrón o violador. “Relájate, no te va a pasar nada, estás exagerando”, le dije la última vez cuando me contó de su intención de comprar un gas pimienta.Sinceramente pienso –pensaba– que San José no es una ciudad insegura. Creo –creía- que como en cualquier otra urbe hay riesgos, pero ninguno especialmente grave.

La actividad policial resulta insuficiente en San José.
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La actividad policial resulta insuficiente en San José. (Archivo)

Hay que recuperar San José, volverlo amigable y apropiarnos del espacio, pero para eso requerimos una mínima garantía de seguridad.

Hace unas semanas vinieron al país unos amigos mexicanos, caminamos por Chepe de noche, de tarde y de madrugada, entre el Stiefel, Chelles, el parque Morazán y el hotel Presidente (donde estaban hospedados) sin contratiempos ni sobresaltos.Les dije –de verdad creía– que para ser asaltado en San José había que tener muy mala suerte.Las bases de mi percepción de “no inseguridad” se basan –basaban– en la presencia policial que veo en las calles; en que en todas las ocasiones que he llamado solicitando el auxilio de una patrulla, esta siempre llega en pocos minutos; y, a partir de trabajos periodísticos que he hecho con la Policía del casco central (avenida Primera, distrito Merced, calle 8…): he entrevistado a los efectivos, a los jefes, he patrullado con ellos, he visto datos que señalan la disminución de los actos delictivos…Me siento –sentía–  seguro en San José.Pero esta semana una amiga fue víctima de la delincuencia, ella también es residente josefina, vive como a 600 metros de mi edificio.No fue un caso aislado, ya la han asaltado varias veces en cuestión de seis meses, con cuchillo y amenaza de por medio, en otra oportunidad fue víctima de un ataque sexual.Afectada confesó que irse de San José es una de las opciones que evalúa, no se siente segura, se siente violentada. Su triste carta a San José pueden verla en el blog Parada en San José.Ella siente en Chepe lo mismo que yo sentía en Pizarrales en aquel momento, mas su pesar es mas fuerte, yo solo viví la amenaza, ella ya es víctima recurrente. La inseguridad, ese sentimiento de impotencia (¿qué puede hacer ante el ataque de un drogodependiente agresivo en busca de dinero?) la acompaña cada vez que pone un pie fuera de su edificio.La ciudad se tornó violenta, ya no confía en ella.Cuando empecé este blog me propuse  no escribir de inseguridad, me pareció un lugar común, pero ahora el tema me reventó en la cara y se vuelve imperativo exponerlo. ¿Tendré que decirle a mi vecina que mejor sí adquiera el gas pimienta, que San José sí es tan inseguro como su mala fama lo proclama?Hay que recuperar San José, volverlo amigable y apropiarnos del espacio, pero para eso requerimos  una mínima garantía de seguridad.No se… ceo que hoy cuando camine del parqueo donde dejo el carro a mi apartamento estaré algo nervioso, como nunca antes había estado, como no creía que ameritaba la pena estar. Eso es lo que hace el sentimiento de inseguridad, te quita la paz, te apaga la magia y hace tambalear la esperanza.

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@matablanco

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