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"No quiero que me corten ninguna parte de mi cuerpo"

Kheiriya Abidi, una niña de 10 años que vive en Boorama, una ciudad al noroeste de Somalia, dice: "No quiero que me corten ninguna parte de mi cuerpo. Yo no quiero ser circuncidada".

Sin embargo, la presión sobre ella aumenta cada día, según un reporte de Unicef. Sus amigos la ridiculizan por ser "diferente" en este país donde la mutilación ablación/genital femenina (A/MGF) es casi universal: el 98% de las mujeres entre 15 y 49 años la ha sufrido. "Las niñas y mujeres están hechas para que sus genitales externos sean retirados total o parcialmente –algunas de ellas cuando todavía son unas niñas, otras cuando llegan a la pubertad– para preservar el honor femenino, la castidad y la belleza, lo que garantiza que sean aptas para contraer matrimonio", describe Unicef.

Una niña llora en Uganda, donde el 83% de las mujeres cree que la práctica debería terminar.
Una niña llora en Uganda, donde el 83% de las mujeres cree que la práctica debería terminar. (AFP.) ampliar
Kheiriya, sin embargo, es parte del creciente sentimiento de rechazo contra esta práctica, expresado tanto por hombres y mujeres en los países donde se lleva a cabo.

Aun sí, los números del informe siguen siendo aterradores: más de 125 millones de niñas y mujeres vivas hoy en día han sufrido algún tipo de mutilación/ablación en los 29 países de África y el Medio Oriente en donde se concentra la práctica; otros 30 millones de niñas corren el riesgo de sufrirla en la próxima década.

Extraje algunos de los puntos que me parecieron más llamativos del informe –el más completo sobre el tema a la fecha– que puede leerse, completo, aquí:

  • En la mitad de los países con datos disponibles, la mitad de las niñas sufren la mutilación/ablación antes de los 5 años, o sea, sin capacidad de comprender el dolor al que son sometidas.
  • En la mayoría de países donde se practica la A/MGF, la mayoría de mujeres consultadas creen que la práctica debe acabar.
  • Los médicos tradicionales son quienes generalmente realizan la intervención. Sin embargo, en Egipto, Kenya y el Sudán, una parte importante de los proveedores de salud ejecutan el procedimiento.
  • El nivel de apoyo para poner fin a la mutilación/ablación es similar entre hombres y mujeres, lo cual pone en entredicho la idea de que esta práctica es una manifestación del control patriarcal sobre las mujeres. Incluso, en Chad, Guinea y Sierra Leona, el número de hombres que se oponen a la práctica es mucho mayor que el de las mujeres.
  • En el pasado seguramente era cierto que la posibilidad de casar a la hija impulsara la mutilación/ablación. Sin embargo, en la actualidad, con excepción de Eritrea, relativamente pocas mujeres afirman que esa sea una justificación.
  • La práctica y la forma en que se lleva a cabo está estrechamente asociada con grupos étnicos, que muchas veces sobrepasan las fronteras de los países. Así, las políticas nacionales de combate no deberían aplicarse de forma uniforme, sin considerar esas diferencias.

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