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Julio Rodríguez

No fue fácil obtener una entrevista con él. Su familia me ayudó a conseguir un pequeño espacio para compartir con él y con ellos un poco de la vida de don Julio, el columnista de amores y odios de La Nación. El resultado de esas horas está en el suplemento Áncora del domingo 8 de setiembre, en http://www.nacion.com/ocio/artes/Julio-Rodriguez-personaje-periodismo-costarricense_0_1364863528.html y en video en nuestro sitio http://www.nacion.com/ocio/artes/entrevista-Julio_Rodriguez_3_1364693521.html

Tengo 23 años de conocerlo, los primeros 9 como periodista en el diario, otros 11 en El Financiero, y los últimos desde la Dirección de La Nación. En estos tres he visto más de cerca al ser humano, sobre todo por el hecho de que él supo casi desde el primer día en que asumí este puesto que yo necesitaba al consejero y al amigo. La sabiduría es una de sus mayores virtudes. 

Julio Rodríguez, columnista de La Nación.
Julio Rodríguez deja la redacción de La Nación, sigue con En Vela. (Mayela López) ampliar

Julio Rodríguez se retiró hace pocas semanas de la coordinación de las páginas de Opinión del diario. Aquí llegó en 1985 cuando el maestro Eduardo Ulibarri lo trajo para sustituir la pluma del columnista Enrique Benavides; y ya son dos décadas al frente de En Vela. En ese refugio de pensamiento en papel, Julio Rodríguez seguirá siendo leído, analizado, criticado o avalado. Gana su familia, perdemos muchos que lo hemos tenido muy cerca por años.

Sus aportes marcaron a La Nación y al periodismo de opinión en el país. Durante estos 28 años tocó el intelecto y el espíritu de directores y periodistas, pero también, como recuerdan sus hijos Marcela y Bernal, de políticos, ministros y mandatarios.

Desde En Vela ha mostrado la fuerza de su pensamiento y su disciplina en el desempeño de una labor en que no hay días libres. Marcela y Bernal recuerdan las muchas veces que tuvieron que venir al diario a dejar el escrito del editorial del día siguiente o los viajes y paseos en que la primera tarea de la familia era encontrar un espacio para que don Julio escribiera o se conectara con el diario. Esa disciplina se ha traducido, por años, en compromiso con sus lectores pero sobre todo en compromiso con el país.

Es terminante, es duro y beligerante. No le teme a las críticas, las saborea y disfruta. Un buen columnista sabe que así debe ser. Tiene un estilo directo, lleno de humor, depurado, con gran estructura y orden. Podemos estar de acuerdo o no con él, pero estas cualidades ningún periodista se las puede negar. Es coherente; sus grandes temas, recurrentes, son la política, la democracia, los valores, el deporte y la religión.

Julio Rodríguez Bolaños es un nombre en la historia del periodismo nacional. Eso no se lo quita nadie.


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