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Vayamos al estadio civilizadamente

Pagar la entrada para ver un partido de fútbol no da derecho a insultar

Actualizado el 16 de febrero de 2017 a las 12:42 am

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Pagar la entrada para ver un partido de fútbol no da derecho a insultar

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Gritar un gol se convierte en una manifestación de alegría, en una liberación de estrés, en un júbilo para quienes viven el fútbol con pasión.

No importa si se trata de un aficionado tímido, o uno de esos que se comen las uñas por los nervios durante los 90 minutos.

Al final, es un espectáculo y todos presentamos diversas maneras de disfrutarlo.

El fútbol no es violencia y eso debe entenderse hasta en las gradas. (Archivo LN)

Pero todo tiene su límite y a título personal pienso que pagar la entrada para ver un partido de fútbol no da derecho a insultar y mucho menos, pasarse de la raya.

Y esto no lo digo precisamente por la situación de Álvaro Saborío, quien ante unos abucheos y groserías tomó la decisión de no exponer más a su familia a esos maltratos y decidió retirarse del fútbol.

Lo que me impresionó, me preocupó y me dio pena ajena ocurrió en el episodio más reciente del clásico nacional.

Nos encontrábamos en la tribuna de prensa junto a los colegas Daniel Jiménez y Adrián Mendoza, quienes al igual que yo, no salían del asombro.

Había un aficionado peculiar, que podía superar los 55 años y no portaba ningún distintivo de su equipo.

Peinaba algunas canas y su atuendo de chaqueta de cuero negra y un pantalón de vestir en tono gris generaba la impresión de ser un señor muy serio y respetuoso. Quizás sí lo sea, pero en el estadio se transformó y la apariencia engañaba por completo.

Si me preguntan, hoy lo podría definir como la persona más vulgar que he visto en mi vida, aunque de verdad espero que al salir del recinto futbolero volviera a ser el señor sereno que parecía que era.

Cuando su equipo fallaba una jugada vociferaba; cuando el rival tenía el balón se deshacía en insultos pasados de tono, pero cuando su equipo anotó en dos ocasiones, perdió la cordura.

El fútbol tiene que disfrutarse civilizadamente.

Su estilo de celebrar desmedido asustó a un niño que estaba a tres lugares de donde él se encontraba y el pequeño lo que hizo fue abrazar a su papá, como buscando protección.

El señor ya no solo gritaba los insultos que uno infelizmente podría calificar como normales, si no que al estar fuera de sí, hasta hacía gestos obscenos, sin tomarse la molestia de ver qué tipo de personas eran las que estaban a su alrededor.

Puede ser que ni él mismo sepa que su comportamiento en el estadio es así, pero no se puede perder la cordura.

No se puede obviar que el fútbol es un juego, que hay que disfrutarlo, pero que no es motivo para faltarle el respeto a los demás, perder la cabeza, generar violencia y hasta espantar a las familias de las gradas.

Algunos le achacan siempre la responsabilidad y las culpas de cualquier incidente a los integrantes de las barras, pero ojo, que este señor se encontraba en la penúltima fila de la gradería de sombra.

Ir al estadio es bonito, más cuando todos vamos como personas civilizadas y sabemos comportarnos de acuerdo a la ocasión.

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