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Hatred, la censura y la violencia en los videojuegos

Actualizado el 28 de abril de 2015 a las 09:56 pm

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Mortal Kombat ha estado en el centro del debate desde su primera entrega.
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Mortal Kombat ha estado en el centro del debate desde su primera entrega.

Con la salida de Mortal Kombat X ha regresado la polémica periódica sobre la violencia en los videojuegos y como algunos títulos deberían ser censurados del mercado. Si bien el título de NetherRealm Studios ya ha sorteado en muchas ocasiones las criticas, hasta el punto de que la franquicia es virtualmente inmune a las mismas, existen otros juegos que no han sufrido la misma suerte, como el caso ManHunt, cuya venta ha sido vetada en Nueva Zelanda o de Hatred cuya salida se espera para este próximo Junio y muchos le niegan el derecho a existir.

Este último es un videojuego de disparos en tercera persona con perspectiva isométrica en el que el jugador encarna a un protagonista misántropo y psicópata a través de una "cruzada genocida", que lo llevará a su propia muerte, no sin antes lograr matar a la mayor cantidad de civiles inocentes posibles, por la única razón del placer de matar, premisa muy fuerte.

El debate acá no es si el juego es moralmente correcto o no, es su derecho a existir a pesar de esto. Es claro que es un título extremadamente violento, cuyo atractivo solo podrá ser encontrado por personas con gustos muy peculiares, y que debe ser limitado a un público mayor de edad, como de hecho fue encasillado por la ESRB, convirtiéndose en apenas el tercer juego en recibir una calificación de AO, solamente adultos, a pesar de no contener ninguna clase de contenido sexual. Los anteriores fueron ManHunt 2 y Grand Theft Auto: San Andreas, el cual pasó por un proceso de cambios para finalmente ser lanzado al mercado como Mature.

A pesar de dicha calificación existen grupos de presión que consideran inapropiada la publicación del título. Dichos grupos incluso llevaron a que el juego fuera dado de baja en una primera instancia de la plataforma Steam Greenlight, que sirve para juzgar si un juego merece o no ser vendido luego en Steam, y así se hubiera quedado de no ser por la intromisión del gran jefe, Gabe Newell, que a dedo la devolvió a la vida, tras lo cual se convirtió en el juego más votado jamás en el servicio.

El tema acá es que nos encontramos ante un asunto filosófico, donde la moral y nuestras percepciones personales no deben inmiscuirse, porque nos privan de ver la imagen completa. La situación no difiere mucho del famoso “GamerGate” solo que desde otro ángulo, nos encontramos a un ataque directo a la libertad de expresión, al derecho de la creación libre. Pensaba que los videojugadores estábamos un paso más adelante, luego de años de luchas similares.

Parece como si de pronto algunos olvidaran completamente los noventas donde nuestros padres suponían que íbamos a crecer como asesinos en serie por jugar juegos de primera persona o por la exposición a la sangre y las fatalidades en el Mortal Kombat original. De la misma forma que parece que olvidamos el día de ayer cuando jugando Grand Theft Auto V, hicimos exactamente lo mismo que Hatred propone, pero aún peor, por libre albedrío, asesinar a otros en un mundo virtual.

Sin querer entrar en si esto nos afecta de manera personal o analizar las degeneraciones del juego, pienso que el problema es intentar censurar una obra de ficción bajo el argumento que podría provocar el próximo holocausto. La industria necesita llegar a una madurez tal que se pueda reconocer y aceptar la visión de una obra sin juzgarla solamente porque nos parece que traspasa ciertos límites y no nos gusta. Algo que si se da diariamente en la literatura y el cine. Porque premisas como la de Hatred han sido escritas cientos de veces, porque si Kubrick propone un experimento como lo es “La Naranja Mecánica”, se considera una obra maestra, por no mencionar otras películas con más disgusto o más similares al videojuego Polaco.

El tema primordial es aceptar de una vez por todas que los videojuegos son arte y por ende lo que el creador decide plasmar en la pantalla. No podemos jugar a dios y decidir qué tipo de arte es aceptable y cual no. Como tampoco podemos confundir una representación digital con el mundo real, cuando uno asesina en Hatred o en Mortal Kombat nadie está sufriendo realmente.

Entiendo que los videojuegos ultra violentos no sean del gusto de muchos, tampoco lo son del mío y no los recomendaría a menores de edad. Pero eso no nos da derecho a limitar su distribución de una plataforma, ni a limitar las elecciones de personas adultas. Cualquier otra cosa nos acerca mucho a un caso Charlie Hebdo digital, y eso es mucho más peligroso que el juego en sí.

Este artículo está basado en el siguiente artículo hecho por mi persona junto con Andrés Díaz Pérez (Jugador 2) para la Revista Level Up.

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