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En nuestro cuerpo tenemos otro genoma…¡y su rol es esencial!

Actualizado el 16 de febrero de 2014 a las 09:25 pm

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Chicago, Illinois. “¡Usted nunca está solo!”, asegura con una pequeña sonrisa Oluf B. Pedersen, un investigador de la Universidad de Copenhagen. “Usted hospeda a más de un trillón de microscópicos invitados en su cuerpo”.

La revista Nature publicó en el 2011 un análisis del microbioma.
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La revista Nature publicó en el 2011 un análisis del microbioma. (Nature)

El investigador se refiere al microbioma humano, el conjunto de microorganismos que conviven con nosotros, en lugares como la piel, la boca, la vagina y, principalmente, el intestino (allí viven cerca de 1,5 kilos de microbios).

En el vientre materno no tenemos microbioma, el feto allí es estéril a esta colonia de microbios, pero una vez que nace, con el paso por el canal vaginal, el bebé adquiere parte de los microbios de la mamá. Luego, la leche materna, el contacto con otros, el aire y el medio ambiente se encarga de dotarlo de este conjunto de organismos que ya es considerado por algunos científicos como un órgano más de nuestro cuerpo.

El bebé que nace vía cesárea o que es alimentado con fórmula, también adquiere su conjunto de microbios, quizás de forma más lenta, pero al llegar a la edad de tres años no se percibe diferencia.

 Mientras que el genoma de cada uno de nosotros está constituido por cerca de 23.000 genes, nuestro microbioma contiene más de 500.000 (¡más de 20 veces más genes!). Ambos organismos – nosotros y nuestro microbioma— actuamos de forma simbiótica, proveyendo bienestar mutuo.

Por ejemplo, ya es conocido que la microbiota intestinal (conocida previamente como flora intestinal) es vital para la digestión de algunos alimentos, sin estos microbios no seríamos capaces de digerirlos.

Sin embargo, nuevas investigaciones  están encontrando que la constitución de esa microbiota intestinal tiene un rol aún más sorprendente y desconocido hasta hace poco: tiene un papel en la aparición de condiciones como la diabetes y la obesidad.

Por ejemplo, resulta que la población se puede dividir en dos grandes grupos: hay quienes tienen una microbiota intestinal con gran diversidad genética y otros que tienen una con una pobre diversidad genética (cerca de 40% menos genes).

Muchos factores pueden influir en esta diferencia, pero uno que ya está comprobado es la dieta: una alimentación alta en grasa animal puede llevarlo a tener una microbiota intestinal pobre.

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Esa diferencia viene con un precio: las personas con la microbiota con menos genes es más propensa a tener resistencia a la insulina, a tener enfermedades inflamatorias y a ser obesa, según explicó Pedersen en su ponencia en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, que se lleva a cabo en la ciudad de Chicago.

Esto, además de observarse en humanos, se ha demostrado en estudios realizados con ratones de laboratorio, tal como explicó Karine Clément, investigadora del Instituto Nacional de Investigaciones Médicas de Francia, quien también participó en la charla.

Entre ellos está un estudio que se realizó con gemelos idénticos, donde uno era delgado y el otro era obeso. Los científicos, utilizando un trasplante de materia fecal, introdujeron la microbiota intestinal de los gemelos en ratones. Los ratones que recibieron el trasplante del gemelo gordo, se hicieron gordos; los que lo recibieron del gemelo flaco, permanecieron flacos.

Otro estudio, demostró que la composición de la microbiota intestinal cambia por completo en ratones que son sometidos a cirugía bariátrica. Lea aquí un post previo de este blog sobre esa investigación.

Sin duda, todavía queda mucho por descubrir de nuestro otro genoma, el microbioma. Por ahora los científicos celebran que con los hallazgos obtenidos se podría hacer análisis de marcadores del microbioma para determinar quiénes están en riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes y tomar acciones preventivas antes de que aparezca la enfermedad. El único problema es que esos análisis aún son muy costosos.

Con suerte, en pocos años la tecnología abaratará el proceso y la ciencia avanzará para entender mejor la relación de nuestro cuerpo con sus huéspedes: más de un trillón de microorganismos.

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