30 septiembre, 2015

"La paz está cerca", tuiteó el presidente colombiano Juan Manuel Santos el miércoles 23 de setiembre pasadas las 6 de la mañana.

Esas cuatro –sorpresivas– palabras bastaron para disparar las interrogantes sobre lo que estaba ocurriendo en el proceso de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC en La Habana.

Mientras el mandatario viajaba a la capital cubana para participar en una "reunión clave", el mundo se inmiscuía en un mar de dudas sobre el posible avance de las negociaciones.

El resultado del encuentro se supo horas más tarde cuando en conferencia de prensa, Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño Timochenko, dieron a conocer que tratarían de sellar un acuerdo en al menos seis meses para poner fin al conflicto armado que lleva 55 años.

Y de esta forma, Colombia empezó a escribir una nueva página de su historia. Se trata del anuncio más simbólico en el último ciclo de las negociaciones de paz, en el que se han efectuado hasta ahora 44 rondas desde noviembre del 2012.

Estas negociaciones tomaron un nuevo ritmo a partir del 12 de julio de este año, cuando Santos se vio obligado a dar un ultimátum acechado por su baja popularidad (contaba con el apoyo del 29%) y el país estaba en medio de una escalada de ataques de la guerrilla.

La incesante búsqueda de la paz

Colombia tiene el conflicto armado más antiguo de la región, el cual se originó en los años 60, y esto, a su vez, lo convierte en el país latinoamericano con más intentos sumados para alcanzar la paz.

El primero en iniciar un proceso de paz fue el mandatario Belisario Betancur (1982-1986) quien reconoció a la guerrilla como actor político y brindó la posibilidad de abrir un diálogo con los rebeldes. Sin embargo, en este periodo no se alcanzaron acuerdos significativos.

Luego, la administración de Virgilio Barco (1986-1990) se enfocó en legitimar al Estado pero, a su vez, deslegitimar a la guerrilla. El objetivo de este Gobierno no se centró en alcanzar una solución para el conflicto armado.

El tercer intento se dio con el presidente César Gaviria, quien asumió en 1990. Gaviria siguió la línea del anterior mandatario y nombró un ministro de Defensa como parte de un proceso para imponer control civil sobre la esfera militar.

Cuando Ernesto Samper (1994-1998) llegó al poder pidió un informe al alto consejero para la paz sobre la voluntad de la guerrilla y la factibilidad de entrar en negociaciones con ella. Sin embargo, la crisis presidencial desvió cualquier posibilidad de avances en este tema.

Con Andrés Pastrana (1998-2002) se avanzó en las conversaciones formales con las FARC. Este diálogo que impulsó desde el inicio de su gobierno se denominó Proceso de Paz del Caguán. Incluso, se creó una agenda de diez puntos en la que se contemplaban temas de derechos humanos, reformas agrarias y paramilitarismo.

No obstante, faltó voluntad y organización para que estas conversaciones tuvieran resultados más significativos. El 20 de febrero del 2002 el proceso llegó a su fin cuando las FARC secuestraron al excongresista Jorge Eduardo Gechem.

En agosto del 2002, asume como presidente Álvaro Uribe. En su mandato se llevan a cabo negociaciones con grupos paramilitares y se empieza la desmovilización de 30.000 miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los acercamientos con las FARC en este periodo se limitaron a acuerdos para liberar secuestrados.

A partir de noviembre del 2012, Juan Manuel Santos empieza un nuevo proceso para alcanzar la paz en Colombia.

Tres años después se han logrado consensos en cuatro puntos: desarrollo agrario, participación política, drogas ilícitas y el punto de justicia transicional, en el que se definirán las responsabilidades de los actores del conflicto y la manera como se juzgarán los crímenes cometidos.

Las dudas en el proceso giran en torno a la impunidad por los crímenes cometidos que han dejado 220.000 fallecidos.

¿Colombia logrará alcanzar un acuerdo de paz definitivo?

La paz parece estar más cerca que en cualquier otro momento, pero aún queda una carrera de seis meses para hallar esa respuesta.

Pese a eso, son buenos tiempos para el país suramericano de 48 millones de personas.

Para este año, se prevé que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) sea de 3,4%, uno de los índices más altos de la región.

Además, según el diario El País, la clase media colombiana se duplicó en estos últimos años y pasó del 15% a casi el 30% de la población, y la tasa de pobreza se redujo del 50% al 35%.

Asimismo, la economía colombiana se muestra como una de las más sólidas del continente, la cual de acuerdo con las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) crecerá para este año un 0,5%.

El gobierno colombiano considera que al alcanzar la paz podría aumentar un 1% el crecimiento económico del país.

Por ello, el paso dado en La Habana es crucial y es posible que Colombia esté cerca de poner fin al conflicto que le ha impedido desarrollarse en plenitud.

Ahora Colombia sigue en busca de certezas en medio de un cauto optimismo y se enfrenta a su mayor reto: edificar la paz.

Por: Ximena Alfaro M.

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