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A empezar otra vez

"Ángela, ¿qué estás haciendo con tu cuerpo?"

Actualizado el 20 de febrero de 2014 a las 09:36 am

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"Ángela, ¿qué estás haciendo con tu cuerpo?"

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Quienes padecemos --y sufrimos la obesidad-- sabemos que hay algo mucho más profundo en nuestro comportamiento que solo las ganas de comer.

No se trata únicamente de pegarse un atracón de helados, pan con mantequilla o pizza. Hay hilos mucho más finos que se mueven en la profundidad de nuestro ser, que se convierten en los detonantes de comportamientos autodestructivos.

Sí, autodestructivos. Sentada frente al Dr., luego de una nueva recaída en el sedentarismo y la glotonería, volví a caer en cuenta de que mi forma de relacionarme con la comida tiene tendencias casi suicidas.

"Ángela, ¿qué estás haciendo con tu cuerpo? Parece que te querés morir de a poquitos", me dijo aquel joven médico, deportista, a quien solo veo mensualmente y no tengo mayor relación que la de médico-paciente. Aquel lunes, hace dos semanas, me habló como un amigo o un familiar cercano.

Nunca antes nadie me había dicho lo que yo, en el fondo, percibía. Solo mi consciencia me lo tarareaba desde  hacía rato pero, ¡ya saben!: uno hace cualquier cosa para callar esa voz interna, frecuentemente incómoda. Esa voz que sale del corazón y te dice cuando estás haciendo algo bien o mal. Pero no la escuchas.

La voz, esta vez, salió del Dr.. Y me dejó patitiesa. Fue una dulce pero contundente llamada de atención a mi retorno a las viejas prácticas de comer --y comer lo que fuera--, abandonar el ejercicio y dedicar fines de semana completos a dormir.

Eso pasó hace dos semanas. En esa misma cita, el médico me entregó una "llave". Me habló de una salida menos médica y más holística. Y la estoy probando.

Se trata de aprender a escuchar y sentir el cuerpo y empezar a transformarse pero de adentro hacia afuera, sin contar palitos, sumar o restar calorías o revisar porciones (¡cómo me estresa esto!).

De incluir en ese plato de comida, las relaciones con los otros, la actividad física, la espiritualidad y algo que es muy importante para mí: el trabajo, mi profesión, mi carrera. Estos son los alimentos primarios. De ahí parte todo lo demás. ¡Eso me gusta!

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Comparto esta foto con ustedes porque refleja cómo me siento hoy: feliz.
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Comparto esta foto con ustedes porque refleja cómo me siento hoy: feliz. (Ángela Ávalos)
  Hasta ahora, había interiorizado una información inversa: contar cada carbo, proteína, vegetal, grasa, etc... minuto a minuto, hasta que el estrés me aniquilaba y terminaba por enviar todo al infierno.

En el momento oportuno. ¡Esto me ha caído como anillo al dedo! Porque estoy en una etapa de mi vida en la que siento la necesidad de empezar a profundizar en el conocimiento y en el amor por mí misma.

Estoy practicando la meditación desde hace varias semanas mucho antes de hablar con el doctor, y he estado leyendo mucho, muchísimo sobre psicología transpersonal.

Por eso, cuando el médico me habló de una salida holística, sentí que mi corazón me gritaba: ¡Sí, eso es lo que necesitás!

Y desde hace dos semanas empecé un nuevo camino que me llevará a enfocarme en mí misma en los próximos meses.

Por supuesto, no lo estoy haciendo sola. En esto, gente, uno debe reconocer que necesita ayuda. Yo he aprendido a comprender que mis fuerzas no bastan. Necesito guía y control.

Los pasos son lentos, pero los siento más seguros que otros que he dado antes.

En resumen, estoy trabajando en la desintoxicación de mi cuerpo y de mi espíritu.

De mi cuerpo, a través de alimentos más verdes, orgánicos, y más apegados al origen del mismo ser humano.

Y del espíritu, reflexionando cada noche, antes de dormir, sobre mi evolución como ser humano ante mí misma y ante los otros. Aprendiendo, desde mi corazón, a percibir mi ser.

Estoy aprendiendo a enfocarme en pequeñas cosas, a sentir y percibir lo que mi cuerpo pide y lo que mi espíritu anhela.

Y todo esto lo hago al tiempo en que, lenta pero progresivamente, empiezo a limpiar mi organismo de contenidos que le he echado desde tiempos inmemoriales.

Suena medio raro, ¿verdad? Pero a mí me gusta y lo estoy disfrutando.

En todo este proceso, de inicios y caídas, de valles y montañas, mantengo la vista fija en mi único norte: recuperar la salud.

Más tarde o más temprano, sé que lo lograré. Y usted me acompañará en este camino, porque estoy convencida de que no soy la única subiendo esta montaña. Usted va conmigo. ¡No aflojemos!

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