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Soy dos en una

Actualizado el 04 de octubre de 2013 a las 09:18 pm

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Mido 1,49. Mi esqueleto está hecho para soportar un peso de 55 kilos máximo pero lo he cargado con 40 más. Peso 94,7 kilogramos.

Esqueleto y órganos como el corazón, los riñones, el hígado, el páncreas, la vejiga y los pulmones deben trabajar ahora para dos Ángelas cuando fueron creados solo para atender las necesidades de una sola. 

No le hice esto a mi cuerpo de un día para otro. El último proceso de engorde (he tenido varios a lo largo de mis 42 años de vida) se inició hace un lustro. Empecé con dos kilos de más; luego pasé a cinco (ya eso es una talla adicional en la ropa) y después brinqué a diez. Ahí perdí la cuenta. Hubo un desencadenante emocional, pero a eso me referiré en otro post.

Lo que les quiero contar hoy son algunas de las consecuencias que mi cuerpo ha empezado a padecer por un sobrepeso que luego se transformó en obesidad tipo 3, con todo el potencial de enfermarme.

Mis rodillas, coyunturas, columnas, pies y  manos -entre muchas partes de mi humanidad- cargan a dos personas.
Esta era yo a los 7 años, junto a mi maestra Ana Lorena Arguedas. Para entonces, ya estaba gordita y mis compañeros de escuela no se cansaban de recordármelo.
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Esta era yo a los 7 años, junto a mi maestra Ana Lorena Arguedas. Para entonces, ya estaba gordita y mis compañeros de escuela no se cansaban de recordármelo. (Ángela Ávalos)

Cuando mi sobrepeso era de tan solo de diez kilos -cinco años atrás-, mi organismo lo soportó calladamente. Ahora ya no. Como dicen por ahí, "el cuerpo grita lo que la boca calla", y lo que el mío me ha comenzado a decir es bastante claro: "Angelita, mirá, ya no aguantamos caminar más. Al menor tropezón, nos torceremos y hasta podríamos partirnos en mil pedazos... estamos débiles ", me han dicho los pies. "¡Nos ahogamos!", gritan los pulmones cada noche que la papada se vuelve un puente con conexión directa entre la barbilla y mi pecho y bloquea la entrada de aire por la tráquea.

Tampoco puedo agacharme con facilidad para juntar cosas o cortarme las uñas de los pies. No camino con la misma rapidez de antes y las rodillas me traquean como visagras oxidadas.Y esas son solo las consecuencias fisiológicas. Ya les contaré del impacto emocional, social y hasta económico de mis comilonas y mi sedentarismo acumulados.

Existen mediciones que, probablemente, ustedes conocen muy bien. El índice de masa corporal (IMC) es una de ellas. Es la relación entre peso y estatura. Mi IMC debería estar entre 18,5 y 23 tomando en cuenta lo que mido y también mi edad, pero lo tengo en 43. Eso significa que padezco obesidad mórbida, una enfermedad que en cualquier momento me podría desencadenar complicaciones como diabetes,  presión alta y problemas del sistema circulatorio.

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Más de la mitad de mi cuerpo es puritica  grasa (51,7%), cuando el porcentaje máximo no debería sobrepasar el 28%. Y la velocidad  con la que trabaja mi metabolismo es realmente lenta: solo puede quemar 1.358 calorías diarias y debería estar en capacidad de más (entre 1.788 y 2.103).

Sí, estoy bastante mal pero no lo suficiente como dar un paso atrás y luchar por revertir ese proceso de deterioro de mi organismo. Ya empecé a retroceder en la ruta que había iniciado para llegar a los 100 kilos. Mi energía ahora va en otra dirección. Es cierto que ese es un camino que he recorrido varias veces ya, en múltiples intentos por bajar de peso con motivaciones equivocadas. Pero este también será tema de otro post.

¡Nos vemos el próximo lunes!

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