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Motivaciones equivocadas

Adelgacé solo para que él se fijara en mí... y no lo hizo

Actualizado el 23 de octubre de 2013 a las 08:40 pm

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Adelgacé solo para que él se fijara en mí... y no lo hizo

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Intenté acercarme con libros, música y con una que otra conversación interesante, pero no lo logré.

Como él solo salía con flacas, orienté mi esfuerzo a adelgazar a como diera lugar para que se fijara en mí.

¡Y claro que bajé de peso! Logré hacerlo con medidas radicales, como suspender del todo la ingesta de harinas y empezar a hacer ejercicio todos los días. Por supuesto, la ropa se empezó a aflojar. Después, acudí a mi primera nutricionista y me metí a un gimnasio.

Caminaba y pensaba en él. Me abstenía de comer por él. Hacía las más fuertes rutinas de ejercicios para él.

Pasé de pesar casi 80 kilos a 55. Un montón de "abejones" me empezaron a rondar, menos el que yo quería. Nunca lo hizo.

¡Terrible error! Cuando desapareció de mi vida, se llevó mi motivación. Y ahí fue cuando empecé a inflarme como nunca antes... hasta ahora.

Aprender de las caídas. Sin duda, amigos, aquella fue una motivación equivocada. Insostenible. Tan volátil como la niebla.

No acababa de dar un paso fuera de mi vida, cuando yo ya estaba canalizando toda mi pena a través de la comida. Caí en el extremo de abandonar cualquier actividad física y comer como si mi pobre estómago no tuviera fin.

Ya ustedes saben el resto: en estos últimos años engordé hasta llegar a pesar casi 100 kilos. Dos Ángelas en una. Y cuando mi cuerpo empezó a gritar por el exceso de carga, fue cuando caí en la cuenta del cambio que debía dar. Empecé a desintoxicarme de aquel sentimiento obsesivo y a ver mi vida con otros ojos.

Ya llevo poco más de dos meses con una motivación diferente. YO. Mi salud. Mi paz interior. Y estoy segura que voy por buen camino. Me siento distinta. Liberada.

Dice la psicóloga Marianela Gamboa, experta en tratar a gente como yo, que entre las motivaciones equivocadas más comunes está la mía: bajar de peso en función de una pareja.

"De las más comunes que las personas califican como insostenibles o erróneas, están las motivaciones externas: adelgazar para un evento social (la boda, la graduación), para ser aceptada por alguna persona (una posible pareja, la mamá que siempre la critica por el peso), para demostrarle a alguien que sí se puede perder peso (revancha contra la pareja que siempre critica), para hacerlo junto a alguien porque "sola no puedo", dice Marianela.

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Y agrega: "Todas esas razones se esfuman fácilmente pues siempre dependen de otros. El evento social pasa, las personas van y vienen en la vida, y no todo el mundo está dispuesto a hacer lo mismo para perder peso y durar toda la vida en eso".

A su consulta también han llegado personas con una motivación correcta: cuando se liberan del qué dirán y comienzan a perder peso como un proceso de autocuidado. "No por los resultados en la pesa, sino por disfrutar cada día de lo que comen y del control emocional que van logrando", dice.

El camino que inicié ya no tiene retorno. Mi motivación es la correcta.

¿Cuál es la suya?

Colaboró la psicóloga especialista en obesidad y sobrepeso, Marianela Gamboa: marianelagamboa@racsa.co.cr

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