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¿Lo pueden creer? ¡Yo no era gorda!

Actualizado el 07 de octubre de 2013 a las 07:33 pm

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¿Lo pueden creer? ¡Yo no era gorda!

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Buscando fotos para este blog sobre mi gordura de otros tiempos (¿recuerdan que en el primer post les conté que había sido gorda desde que nací?), realicé un hallazgo que me paralizó: por más que revolqué entre los álbumes de mi niñez y adolescencia no encontré una sola foto que me retratara gorda. ¿Dónde estaba la obesa que siempre había creído ser?

En esta foto tendría unos diez años. Fue en la fiesta de navidad de la fábrica donde mi papá trabajó más de 40 años.
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En esta foto tendría unos diez años. Fue en la fiesta de navidad de la fábrica donde mi papá trabajó más de 40 años.
Mientras intentaba buscar alguna respuesta, mi papá entró al cuarto y preguntó qué me pasaba. Cuando le conté, sin pensarlo dos veces me dijo: "Usted nunca fue gorda. En la escuela era una chiquita normal, y en la adolescencia y en la U también. Usted se empezó a engordar poco después de entrar a trabajar".

Entonces, ¿yo nunca fui gorda? ¡Pero me sentía gorda! Volví a revisar los álbumes y corroboré, con cierta dosis de shock, aquella verdad. El papel fotográfico  no mentía. ¿Qué o quiénes me hicieron sentir de esa manera?

Haciendo un ejercicio de introspección, recordé la vez en que mis compañeros de escuela me compararon con la niña de Religión, una maestra de cara bellísima pero muy, muy gorda. Y recuerdo  super bien cómo me hizo sentir aquella burla. Para ellos, esa era una ofensa contra la "verde" del grupo. Y yo la recibía como tal.

Dice mi amigo, colega y motivador, Arturo Álvarez Ulate, que las situaciones que, como esa, suceden en la niñez, lo marcan a uno de manera sustancial para el resto de la vida.

"Lo que más impacta al ser humano no es lo que memorice sino lo que le llega por la vía emocional. Como niños, somos una esponja de emociones. Recordemos que somos 90% emoción, y en la niñez eso lo chupamos con más fuerza", me explicó Arturo.

En mi graduación de sexto grado. Tenía 12 años. Así de flaquilla me conservé hasta los 26 o 27 años.
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En mi graduación de sexto grado. Tenía 12 años. Así de flaquilla me conservé hasta los 26 o 27 años.
Probablemente es cierto, porque eso a mí me marcó para siempre. Viví mi adolescencia sintiéndome gorda. Llegué a convertirme en una adulta joven con el mismo sentimiento, y ahora, cuando es obvio que estoy obesa... ¡pues ni modo!

Recuerdo una tarde cuando Armando, otro colega a quien quiero mucho, se me acercó para felicitarme por lo flaca que me había puesto. "Ahora, Angelita, lo que usted tiene que engordar es la autoestima", me dijo. No seguí su consejo en ese entonces pues, como les conté antes, mis motivaciones andaban mal encaminadas.

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Hoy, puedo decir que mi autoestima está en proceso de engorde y mi cuerpo camina en busca de su estado natural: un organismo que se formó para dar vida a una sola persona, no a dos.

Si alguna vez les ha pasado las mías, eso de sentirse gordo estando flaco(a), ejerciten todos los días la mente y espanten esos pájaros de la cabeza. Como esto de la autoimagen es un gran tema, prometo profundizar más sobre él en mi próximo post.

Por lo pronto, yo haré lo siguiente y también se los aconsejo a ustedes: pongan un espejo al frente, empiecen a conocerse aunque, como yo, tengan 42, 50, 30, 25 años de edad. ¡Nunca es tarde para reconocer la persona que somos y tomar control de nuestro cuerpo, que es bello y es una portentosa maquinaria de vida!

Colaboró para este blog Arturo Álvarez Ulate, motivador e instructor en desarrollo humano: elcorreodearturoalvarez@gmail.com

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