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Hablando sobre gordura

Actualizado el 30 de septiembre de 2013 a las 11:32 am

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Muy a menudo me encuentro gente hablando de obesidad a partir solo de la teoría. ¡Nunca han sido gordos! Conocen mucho, sí, sobre los efectos del exceso de grasa en el cuerpo y –por suerte—predican con el buen ejemplo. Pero ellos en realidad no han vivido cargando en las espaldas el sobrepeso y la obesidad.

No conocen cómo se transforma la mirada de los otros por el simple hecho de tener unas libras de más. Tampoco han sentido el cuerpo cuando las coyunturas no dan abasto o el corazón se cansa y el ahogo llega con unos cuantos pasos. Lo lamento, pero no saben. Lo conocen porque lo han leído y escuchado de boca de otros o han estudiado los efectos de la gordura en el organismo. Pero la gran, gran mayoría de ellos no ha vivido y sufrido los efectos de la gordura. Se lo he preguntado muy directamente a varias de las nutricionistas a las que he consultado en los últimos años (y créanme, son muchas): ¿sabés lo que es estar gorda? Por supuesto que no.

Esta imagen salió en un especial de National Geographic sobre obesidad. Refleja el interior del cuerpo de una mujer obesa y el de otra que tiene el peso para su talla.
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Esta imagen salió en un especial de National Geographic sobre obesidad. Refleja el interior del cuerpo de una mujer obesa y el de otra que tiene el peso para su talla. (National Geographic)
Por eso me lancé en esta aventura de contarles a ustedes desde este espacio lo que es vivir con la obesidad. Lo haré con una voz doblemente experta, se los prometo: les hablaré porque  he sido gorda desde que tengo memoria (aún estando "flaca" y habiendo ganado un premio en un concurso de fitness,  años atrás, me sentía la más gorda del mundo). Y también porque llevo más de una década escribiendo sobre salud en este diario, recibiendo cursos, escuchando a expertos... todo eso y más me ha convencido sobre la necesidad de vivir saludablemente, dando el ejemplo sobre lo que escribo en lo físico, lo mental y espiritual.

Pero lo más importante de todo lo que me tiene aquí, se los confieso, son las señales que mi cuerpo me ha enviado en los últimos años, en que me dediqué a comer desenfrenadamente sin moverme: dejé de hacer las giras de trabajo que me encantaban porque ya no podía caminar bien y ponía en riesgo a todo el equipo; perdí el buen sueño pues me autodespierto con mis ronquidos; y rutinas tan simples como cortarse las uñas de los pies o amarrarse los zapatos son toda una odisea de desgaste físico. Sí, esas señales me dijeron que debía buscar ayuda y, en la medida de lo posible, aprovechar estos espacios para apoyar a otros que están en mi misma carrera por la salud.

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Varias personas me ayudarán en esta tarea de contarles con fundamento científico algunas de las experiencias más frecuentes en la vida de esta obesa. Ya se las presentaré a su debido tiempo. Por ahora, los invito a formar parte de esta aventura.

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