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Sobrepeso y obesidad

Para qué uso mi gordura

Actualizado el 12 de diciembre de 2013 a las 10:10 am

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Para qué uso mi gordura

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El atraso en escribir este post solo se debe a lo difícil que me resultó, personalmente, tomar la fuerza para reconocer ante ustedes muchas de las razones para las cuales uso mi gordura.

La pregunta me la lanzó hace varios meses la psicóloga Marianela Gamboa, especialista en tratar pacientes con sobrepeso y obesidad. Fue el cierre de la última sesión que tuve con ella. Aquí les comparto algunas de las respuestas que, desde entonces, he elaborado al respecto. El orden en que están expuestas no tiene que ver con su nivel de importancia.

Para huir de los "moscardones".

La obesidad se ha convertido en epidemia. | JULIANA BARQUERO/ARCHIVO
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La obesidad se ha convertido en epidemia. | JULIANA BARQUERO/ARCHIVO
No sé cómo hacen las mujeres consideradas bonitas para soportar el acoso constante de miradas, palabras y gestos con doble sentido. Puede haber gente a la que le guste, y lo respeto si es así. Yo, simplemente, no lo soporto. La última vez que bajé de peso y lucía realmente bien según los cánones sociales más comunes, los moscardones empezaron a reventar como abejones de mayo. Se acercaban demasiado y daban el beso y el abrazo que nunca ofrecieron antes a la gordita. ¿Sería para tantear? Ni antes ni ahora soporto esa "medición de la presa". Por eso, puse unos cuantos kilos de por medio entre esos moscardones y esta cristiana.

Porque no sabía controlar mis emociones.

Comer ha sido para mí una válvula de escape que he utilizado absolutamente para todo. Cuando estoy muy presionada en el trabajo, como. Cuando estoy triste, como. Cuando estoy preocupada, como. Y cuando estoy feliz, también. En el fondo, he tenido un pésimo manejo de mis emociones, cualquiera que estas sean. Y mi cuerpo ha pagado el resultado de no haber sabido --durante mucho, pero mucho tiempo-- controlar el "elefante" de mis emociones. La comida se convirtió en la expresión más palpable de mi fluctuante estado de ánimo. 

Por la ley del mínimo esfuerzo.

Para mí, lo más fácil y hasta lo más barato era comer cualquier cosa. ¿Pensar en prepararme una comida saludable cuando ahí estaban las ollas con arroz y frijoles, o la pasta y el pan a la mano? ¡Jamás! ¡Ni qué decir del ejercicio! Por hábito, nunca formó parte de mi vida. En mi familia y en la escuela, nunca me enseñaron la importacia de moverse. He sido naturalmente disciplinada para otras cosas (el estudio y el trabajo, por ejemplo), pero no para comer ni para hacer ejercicio. En las clases de Educación Física, formaba parte del grupo de los lentos, torpes y poco habilidosos para actividades corporales. Entonces, ¿para qué ponerle gasolina a esta parte de mi vida? Aquí, la ley del mínimo esfuerzo reinó. Comía lo más fácil, barato y al alcance de la mano. Y no me movía porque me resultaba mucho más cómodo tirarme en la cama a dormir y a dejar que los adipositos crecieran.

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Porque no me quería.

Esta imagen salió en un especial de National Geographic sobre obesidad. Refleja el interior del cuerpo de una mujer obesa y el de otra que tiene el peso para su talla.
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Esta imagen salió en un especial de National Geographic sobre obesidad. Refleja el interior del cuerpo de una mujer obesa y el de otra que tiene el peso para su talla. (National Geographic)
Esta es la razón más poderosa de todas las que pueda darles. Sí, no me quería. No toleraba ni mi imagen en el espejo. Nada de fotos. Probablemente, muy probablemente, haya una razón más profunda para explicar las razones del "autodesamor". En este momento, la verdad, ni yo misma la conozco. Pero sí les soy sincera: no me quería. La gordura ha sido una forma de autodestrucción lenta, calladita, no tan explícita como lo podrían ser otras. Tal vez, socialmente menos rechazada. Fue una forma de decirle a mi cuerpo que no lo quería. Que no me gustaba.  Pero (y este PERO es así de grande) ya ustedes saben que estoy en proceso de quererme. Apreciar el valor de cada parte de mi misma, en lo físico y en lo espiritual. Así que estoy segura de que esta razón --de la sinrazón-- ya forma parte del pasado.

Para mantenerme vinculada a la infancia.

La gordura está ligada en mi subconsciente a la infancia. Ya les conté que, aunque no fuera gorda, me sentía y me veía como tal. Más allá de esa percepción sobre mí misma, la infancia fue una de las mejores épocas de mi vida: juegos, hamaca en el palo de mango, mecerme hasta llegar a las nubes, jugar de casita, andar en triciclo por el patio y crear historias entre el cafetal de la abuela. Muchos de mis mejores recuerdos están ahí, sembrados. Y  mi percepción sobre mi gordura también. Estoy en ese proceso de aprender y aprehender cuáles valores de la infancia debo conservar e, incluso, hacer más potentes, en esta época de mi vida. Claro, lejos de la gordura enfermiza.

¿Cuántas de estas razones comparte conmigo? ¿Cuáles otras tendrá usted?

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