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Nutrición intuitiva

Sí, comer lo que me dé la gana cuando me dé la gana, y sin culpa

Actualizado el 23 de mayo de 2016 a las 12:05 pm

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Sí, comer lo que me dé la gana cuando me dé la gana, y sin culpa

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Sí, comer lo que me dé la gana cuando me dé la gana. Sin culpa y con el mayor placer del mundo.
Ese fue uno de los principales aprendizajes que tuve con la nutricionista Rebeca Hernández, experta en nutrición intuitiva: quitarme de encima esa enorme carga de culpa que una arrastra cuando se trata de comida.
Es el primer paso para el cambio.
Durante varios meses y gracias a la Revista Perfil, con la cual colaboré en el espacio 'Experiencia Perfil', me dejé guiar por Hernández, quien tiene estudios en esta innovadora rama de la nutrición.
Estos son los principales aprendizajes de esa experiencia:
1. Deseche la  culpa. 
'¿Querés comerte un cholate? ¡Hacelo!', fue una de las primeras indicaciones que me dio Rebeca apenas comenzando y mi reacción inmediata fue casi caer de cabeza.
Muchas veces, pero muchísimas, había escuchado todo lo contrario. 'No coma esto, no coma aquello; coma tantas porciones, sume tantas calorías'...
Y cuando comía todo lo 'prohibido' ¡me sentía tan culpable!
¡Al carajo todo eso! La culpa ya no existe.
Es la primera grada que se sube en este camino de la nutrición intuitiva porque con sentirse mal no se gana nada y se pierde mucho. El cuerpo lo resiente.
2. Coma con consciencia.
Comer lo que quiera, eso sí, no es de gratis.
Está bien: coma, no sienta culpa PERO (y aquí empieza lo mejor): practique una alimentación con consciencia de las verdaderas necesidades de su cuerpo. 
El cuerpo habla. Nos dice cuándo tiene hambre, cuándo es un antojo, qué comer y cuánto. Él nos lo avisa, si aprendemos a escucharlo. Las primeras veces, asusta.
Es un ejercicio que significa detener la carrera del día, pensar y concentrarse en un acto tan vital y bendito como comer.
Usted se puede dar un gusto sin remordimiento. Esto, sin embargo, tiene algunas condiciones. (Foto: Albert Marín)
Fue sorprendente descubrir todo lo que el cuerpo 'habla'.
A mí me asustó porque, sí, él me decía 'Ángela, ya está llena. No coma más. Es suficiente'. 'Ángela, esto te hace daño'. 'Ángela, hoy me marezco un chocolate caliente con menta'.
Conforme fui avanzando en esta práctica, aprendí a descifrar ciertas cosas, como la necesidad de moverme más, de hacer ejercicio porque el cuerpo me lo pedía.
Le debo a esto mis caminatas matutinas, mi recorrido por Tapantí y el ejercicio funcional que he practicado diariamente en los últimos meses.
3. Identifique si es hambre o antojo.
Fisiológicamente, el organismo anuncia el hambre. Las tripas suenan, por ejemplo.
Esta es la alarma que avisa cuando hay que comer. Y hay escalas de hambre.
Rebeca me enseñó a buscar el término medio: ni estar tan hambrienta como para comerme un caballo, ni comer de forma automática sin un mínimo de necesidad.
El cuerpo también grita lo que la boca calla y puede ser que, además de antojo, la ansiedad, el estrés, la tristeza o el enojo le despierten las ganas de comer.
4. Busque la satisfacción, no la llenura.
Esto es básico.Imprescindible diría yo. Tiene que ver mucho con la identificación del hambre.
Rebeca me preguntaba: '¿Se sentía satisfecha, plena y feliz después de comer?'
Muchas veces, la respuesta fue no. Y eso sucedía cuando no me alimentaba conscientemente, en un espacio y tiempo enfocado en un acto tan bendito como el de la alimentación.
Sucedía cuando comía frente al televisor, con el celular sobre la mesa pendiente de mensajes o llamadas, o leyendo cualquier tontera.
La llenura física me avisaba. El cuerpo lo resentía. Feliz y plena no me sentía.
Uno debe comer hasta quedar satisfecho, como decían las abuelas. No lleno ni atiborrado.
5. Coma por ganas, no por obligación.
Cinco comidas al día, entre ellas dos meriendas. Es la tarea que nos ponen a cumplir religiosamente. Hasta hay un programa para esto.
La alimentación intuitiva manda comer cuando se tiene hambre. Hambre de verdad, porque el cuerpo necesita comer, y alimentarse con lo que el organismo pide.
Yo descubrí, por ejemplo, que mi hora del desayuno no es las 6 de la mañana, si no dos horas después. Es ahí cuando siento verdadera hambre.
También encontré que, generalmente, no tengo hambre para merendar ni en la mañana ni en la tarde.
Mi hora ideal de la cena es alrededor de las 7 p. m.
6.Mejore las relaciones.
Si yo no estoy bien conmigo misma, menos lo voy a estar con los demás.
Empiezo sintiéndome bien con Ángela.
Todo lo demás vendrá por añadidura.
Rebeca resume todo lo anterior, así:
- Escuche su cuerpo, siéntalo. Coma cuando tiene hambre, y deténgase a satisfacción, no con llenura.
- Maneje sus emociones sin necesidad de recurrir a la comida.
- Elija los alimentos porque los disfruta y lo nutren, no como un castigo o por seguir reglas que ya la tienen harta.
- Sienta placer al comer, y al moverse. No vea la comida y el ejercicio como una tortura para tener xx número de ropa, o de la báscula.
- Respete su cuerpo, no lo torture.

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