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Desayuné pan con natilla

Actualizado el 10 de noviembre de 2013 a las 07:54 am

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Desayuné pan con natilla

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Acabo de desayunar pan con natilla. No cualquier pan ni cualquier natilla. Los que no comía desde hace unos dos meses. Esta es una de las caídas que he sufrido desde agosto, cuando comencé este esfuerzo por ser más saludable. 

¿Que si he tenido caídas, resbalones, chollonazos y otros accidentes en estos meses que llevo buscando la salud? ¡Pues claro! No se los negaré como tampoco les he ocultado algunas de las razones más personales que podrían explicar esta obesidad que padezco. 

Contrario a otras ocaciones, esta vez las tentaciones no las he buscado yo. Ellas me han buscado en forma de personas que me llegan con tamales de cerdo, jugosos pasteles rebosantes de crema, helados, confites, chocolates, papitas, maní, alitas de pollo con chile chipotle, y el pan y la natilla de este domingo...

La diferencia -¡gran diferencia!- es que debo aprender a decir que no y a buscar salidas. 

Los fines de semana son para mí los momentos más difíciles pues, por lo general, entre lunes y viernes y mientras trabajo se me hace muy fácil mantener el plan de alimentación que mi nutricionista me ha diseñado.

Es cuando me enfrento al tiempo de ocio, que he estado tratando de llenar con más actividad física y salidas con personas que en realidad me ayudan a mantenerme en el camino correcto.

¿Cuesta? ¡Claro que cuesta! Sobre todo, cuando uno empieza a ver resultados positivos y la tentación empieza a meter pulso en sentido contrario. De agosto a la fecha, he perdido 7 kilos de peso, cinco de los cuales son de puritica grasa. Ya tengo una rutina de ejercicios y el cuerpo resiente cuando, por alguna razón, no puedo ir al gimnasio. Estoy tomando bastante agua y las comidas son las que mi cuerpo necesita... hasta que aparece la tentación.

Como les conté, no la busco yo. Viene hacia mí. El reto ahora es aprender a identificarla y no caer en ella. ¿Es fácil? No, no lo es. Ya les dije: acabo de desayunar una manita de pan blanco con natilla. En mi interior, una voz me decía que estaba en lo incorrecto, pero seguí hasta que acabé con el pan y la natilla. 

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¿Que si puedo caer de vez en cuando en la tentación? Cuando uno está en este camino, debe ser inflexible. No. No hay que caer. Primero, por uno mismo, porque el primer compromiso es con este cuerpo que ya no da para más. Y luego, porque debemos aprender a identificar aquellos momentos y personas que están muy dispuestos a vernos caer. 

Somos susceptibles, y mucho, a estas caídas, ¡y cómo duelen! Así que ni un paso atrás. Yo retomaré mi camino, que mucho me ha costado. 

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