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La imagen corporal del sobrepeso y la obesidad

Verme al espejo desnuda y gorda, ¡qué shock!

Actualizado el 22 de septiembre de 2014 a las 02:48 pm

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Verme al espejo desnuda y gorda, ¡qué shock!

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Quedé en shock cuando vi mi figura desnuda reflejada en aquel enorme espejo el primer día en que usé el cuarto de baño del hotel donde pasé mis vacaciones en la playa.

Sí, sé que estoy gorda, y bastante. Pero no había cobrado conciencia del impacto en la imagen corporal hasta ese día.

Como les conté hace varios meses, soy dos Ángela en una. Debería pesar un máximo de 60 kilogramos para tener un peso saludable para mis 1,49 de estatura y 43 años, pero peso 95. Fue relativamente sencillo escribirlo en aquel momento. Pero ahora es otra cosa tener la conciencia de lo que eso significa desde el punto de vista de las partes de mi cuerpo que han sido tomadas por el exceso de tejido adiposo.

Cuando salí de la ducha y limpié el vapor que empañaba el vidrio, me quedé boquiabierta. El espejo me devolvió una imagen muy parecida a la de esas esculturas de gordas hermosas (obesas in extremis, inmortalizadas) que se ha encargado de exponer por todo el mundo el colombiano Fernando Botero. Claro que con una diferencia sustantiva: ese artista se dio la licencia de apretarles más los pechos, el abdomen y los muslos. Cirugía plástica, literalmente. Todas esas partes en mí están flojiticas.

En casa no tengo más que dos espejos, y ninguno es de cuerpo entero. Los dos me muestran una visión parcial de mí misma. Aquel, el de la playa, me devolvió una Ángela que antes no me había atrevido a mirar tan directamente.

¿Qué pensé cuando vi mi reflejo? "Angelita: ¿qué le has hecho a tu pobre cuerpo? ¿Por qué dejaste que llegara a ese extremo? ¿Qué te hizo el pobre para que lo atacaras de esa manera, así, sin asco y sin que te temblara la mano?"

La respuesta dolió. Debo reconocer que me convertí en la escultora de un cuerpo agredido por algo que va más allá del exceso de comida y la falta de ejercicio: la carencia de amor por mí misma. Solo una persona que no se quiere lo suficiente y no sabe valorar el potencial de su organismo para funcionar en la vida diaria hace lo que yo.

(Igual se podría decir del otro extremo: aquellos inconformes que, en la búsqueda infructuosa de la eterna juventud y belleza, también agreden el cuerpo con cirugías, exceso de ejercicio y un régimen alimenticio tan saludable que enferma. Pero ese no es tema aún de este blog).

Obesidad
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Más allá de la imagen. Ya les he comentado que el impacto estético de la gordura es lo menos importante. Para mí, al menos. Lo más relevante es lo que sucede tras esos pliegues que se comienzan a formar en brazos, papada, entrepierna y abdomen y que son resultado de esa grasa excesiva en busca de espacio. Esa grasa que prácticamente aniquila, de a poquitos, el funcionamiento de los órganos internos y resta calidad a la vida.

Si me impresionó el efecto externo de mis comilonas, no imagino qué pasaría si alguien me saca una radiografía o me hace un escaneo del paisaje en el interior de mi cuerpo y me muestra venas, arterias, músculo cardíaco, hígado, riñones, cerebro..., ¡todos mis órganos!, flotando con dificultad entre moléculas grasosas.

Sin duda, enfrentar mi propia imagen, hinchada y con una deformación nada natural por el ataque sistemático y desmedido del consumo voraz, me ayudó a confirmar la decisión que tomé hace un tiempo: no flaquear en mi proceso de búsqueda de la salud.

Les había dicho que ese proceso lo inicié "de adentro hacia afuera", contrario a lo que se hace normalmente. Sigo con ese enfoque porque me parece el más sostenible y toca la médula de lo que muchos gordos padecemos y cuyo resultado, en lo personal, es esa imagen en el espejo: la falta de amor a nosotros mismos (con causas diferentes según cada persona), a nuestros maravillosos y pacientes organismos, y a nuestro inexplorado potencial como personas físicas y espirituales.

Propósito. Así que aquella visión que tanto me asustó, me motivó aún más a seguir en el camino de enamorarme de mí misma. Porque la mejor motivación para adelgazar por salud no está afuera. Está dentro de uno.

Insisto: no es un asunto de estética. Creo que quienes han seguido con alguna fidelidad cada post de este blog tienen claro que a mí no me preocupa la obesidad por la imagen. La razón de estas líneas es motivarme y motivar a muchos conmigo para que asumamos esta operación salud y la transformemos en una "operación de amor por uno mismo". El resultado que se espera es un cuerpo sano, funcional, alimentado por un espíritu fuerte.

Una de las cosas más importantes para mí es dejar la inquietud en cada uno de buscar las causas emocionales que desencadenan la aparición de ese tejido adiposo adicional. Ya lo he dicho antes: si fuera tan simple como comer y comer y no hacer ejercicio... ¡Pero no! Hay desencadenantes internos que hacen que una persona tenga un comportamiento así. Son detonantes emocionales que hasta ahora están cobrando interés para algunos especialistas en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.

Dice la Organización Mundial de la Salud que en el mundo hay aproximadamente 1.600 millones de adultos con sobrepeso. De ellos, más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres son obesos. En Costa Rica, más de la mitad de todos los adultos tenemos algún problema con el peso. Son muchas imágenes en el espejo. Millones de reflejos. Como el mío.

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