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Dieta "a la inversa"

Adelgazar de adentro hacia afuera

Actualizado el 15 de abril de 2014 a las 11:32 am

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Adelgazar de adentro hacia afuera

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Las mil y una dietas que he hecho empiezan con el cambio de afuera hacia adentro.

El "afuera" está representado por las llantas, las estrías, la papada, "el delantal", y un etcétera casi interminable.

El "adentro" está vinculado a una larga --y costosa, si no es en la CCSS-- lista de exámenes médicos para medir si uno es más una bola de grasa que un ser humano.

No sé a usted, pero a mí esta fórmula no me ha resultado. Pensar en el "afuera físico" sin desatar antes muchos líos internos más allá de la grasa que corre por las venas, no me ha dejado dividendos.

Ese exterior ha incluido un meticuloso ejercicio de contar palitos, porciones, pesar cada gramo que se ingiere, establecer horas fijas para desayunar, almorzar y merendar, e ir al gimnasio por obligación. Me resultó un tiempo y la gran mayoría de las veces tiré la toalla.

Ahora estoy probando a la inversa: limpiando mi interior en una búsqueda intensa para que mi exterior refleje salud física y, sobre todo, bienestar espiritual.  ¿Y saben? ¡Me gusta!

A la inversa. Algunas cosas de las que he estado haciendo desde junio a la fecha, aunque más intensivamente en los últimos tres meses:

1. Medito. Sí, estoy haciendo meditación de manera frecuente. Esta práctica me ha ayudado montones a conectarme con lo que me rodea, sobre todo, con mí misma. No crean que es que me siento en posición de loto a buscar conexiones con el más allá. No. Simplemente, medito enfocándome mucho más en las cosas que me rodean y a las que antes no prestaba atención: el canto del yigüirro que, todas las tardes, nos da un concierto gratuito en el periódico; el abrazo de mi mamá; la alegría de mis mascotas cuando llego a casa; el atardecer que se refleja en el retrovisor mientras manejo; los llamas del bosque floreados a la orilla de la carretera...

Esta es una forma típica de meditar, pero también se puede hacer enfocándose y disfrutando, placenteramente, de lo que le rodea.
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Esta es una forma típica de meditar, pero también se puede hacer enfocándose y disfrutando, placenteramente, de lo que le rodea. (Archivo)

2. Escucho mi cuerpo. Lo anterior, me ha llevado a ponerle muchísima atención a lo que me dice mi cuerpo. Si tengo hambre o no, si aquello que me voy a comer le hará bien o no tanto, si necesito agua, descanso, relajación. Luego les comentaré las más de diez razones que hay detrás de lo que comúnmente llamamos "ansiedad" por la comida.

3. Reduje sustancialmente el consumo de algunos alimentos y aumenté de manera importante otros. Los que reduje casi a cero: pan, arroz blanco, postres, azúcar, carne de res y pollo, gaseosas, confites, galletas, café, los derivados de leche de vaca, papa. Los que aumenté considerablemente: cale, apio, quinoa, chía, lechuga, tomate, pepino y un sin fin de verduras, sobre todo verdes y orgánicas; frutas como piña, fresas, papaya, naranja, limón... Alimentos como hongos en todas sus variedades, diferentes tipos de leche (sobre todo, de cabra, almendra y arroz). He sentido una gran diferencia. Mi organismo pasaba totalmente adormilado y bajo de pilas con mis comidas anteriores. Ahora, está recargado. Duermo bien, descanso a pierna suelta y paso con mucho mejor humor y más activa en mi trabajo.

4. Busqué guía. Me dejé orientar por una especialista en coaching en salud, que me ayudó a incluir en mi plato, progresivamente, alimentos nuevos, eliminar a los viejos, e incluir en mi alimentación diaria las buenas relaciones con los otros, el fortalecimiento de la espiritualidad, mi carrera y la actividad física. Esos son los alimentos primarios. Proteínas, carbos, grasas son los secundarios. Esta coach me enseña a ver dentro de mi misma y a incorporar en mi día a día prácticas como esta: todas las noches, antes de acostarme, escribo en mi diario diez razones por las cuales dar gracias a la vida. ¿No les parece fascinante? Estas prácticas, en el fondo, tienen una explicación neurocientífica, que luego compartiré con ustedes en otro post.

5. Preparo mi comida. Yo misma llego a mi casa y preparo mis platos. Algo que no disfrutaba antes ahora me parece maravilloso: desde sentir las texturas y olores de lo que voy a comer, hasta experimentar la satisfacción por las delicias que como. Un día de estos, por ejemplo, preparé un hongo portobello salteado con cebolla, ajos y pesto de tomate... ¡Hummmm! No se imaginan la delicia. Lo acompañé de una ensalada de lechuga, tomate, quinoa, con aderezo thai. Antes, decía que no tenía tiempo o que llegaba muy cansada para preparar mi comida. ¡Pamplinas! Eran puras excusas. La verdad es que no sacaba el tiempo porque, sencillamente, no tenía interés.

7. Dedico tiempo a mi cuerpo. Me compré algunos aceites esenciales para cuidar de mi piel. Mi hermano, además, me regaló una hamaca que él mismo se encargó de colgar de un árbol de guayaba, en el patio de mi casa, y ahí me tiro a ver el cielo.  ¡Ahh! Y por primera vez en 42 años, disfruté de un masaje corporal hace dos semanas. Fue divertido.  Les confieso: la vergüenza de que algún extraño viera mi cuerpo me impidió por muchos años gozar de esta experiencia. De hecho, con algún vestigio de aquel falso pudor, ese sábado me puse un vestido entero de baño. Quienes se han hecho masajes sabrán que ese traje de baño duró poco puesto. Al principio, me quisieron invadir las primitivas sensaciones de vergüenza. Pero fue más fuerte la nueva Ángela, y, la verdad, me entregué completa a la relajación. ¡Lo que me había perdido! Ahora, masaje incorporado a la inversión periódica. Se los recomiendo.

8. Lecturas seleccionadas. Por recomendación de mi colega y amiga, Alejandra Vargas, estoy leyendo El poder del ahora. Y ya les había recomendado Cuentos para aprender a aprender. Disfruto y aprendo a ser mejor ser humano con ese alimento para el cerebro y el espíritu.

9. Me rodeo de gente positiva. Esto no es nuevo, la verdad. Esa decisión la tomé hace un tiempo ya, y desde hace rato comparto con gente muy saludable espiritual e intelectualmente. ¿Saben? No hay nada mejor que llegar a una reunión de amigos donde el platillo principal no es comer gente a diestra y siniestra y llegar a quejarse de todos y todo. Hay que alejarse de la gente tóxica. Mi consejo: ¡húyales! Rodearse de las buenas vibras de otros también es alimentación saludable, pero para el espíritu.

10. La pregunta del millón. Seguro se preguntarán: ¿y bajó de peso? Probablemente sí, un poco. Lo siento en la ropa. Pero, ¿saben? Esa ya no es mi meta principal. Porque, de nuevo, estoy adelgazando de adentro hacia afuera. Quité dosis de negatividad, pesimismo, falsa vergüenza y estoy más conectada con mi cuerpo y con mi espíritu. Y me siento de maravillas. Mi cuerpo lo agradece. Lo sé porque lo siento diferente.

Adelgazar de adentro hacia afuera. Me gusta.

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