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¿Sube la montaña conmigo?

Actualizado el 16 de octubre de 2013 a las 04:31 pm

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Mi segunda escalada al Chirripó, hace unos seis años. Me acompañan Juan (centro) y Erick.
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Mi segunda escalada al Chirripó, hace unos seis años. Me acompañan Juan (centro) y Erick.
¿Han subido alguna vez una montaña? Para mí, no hay mejor experiencia. No importa si es pequeña o gigantesca. El paso a paso hacia la cima es lo más parecido a las diferentes etapas que uno atraviesa en su vida.

No es fácil llegar al punto más alto. Pero cuando se está ahí, la sensación de felicidad y plenitud es inmensa.

Me sucedió cuando subí el Chirripó. Quienes han hecho el mismo viaje me entenderán mejor. Para llegar al punto más alto se atraviesan diferentes tipos de terreno y el inicio –especialmente ese arranque– es traicionero.

Se le conoce como la cuesta del termómetro porque mide la capacidad del caminante para continuar y, en mucho, definirá su nivel de aguante para el resto del kilometraje. Ese inicio es rudo, con pasos grandes, entre piedras, por camino de bestias. El corazón empieza a latir con fuerza y el aire comienza a escasear.

Yo comparo el termómetro con la experiencia que estoy viviendo ahora. Como les conté, inicié el camino hacia la recuperación de mi salud haciendo un poco más de ejercicio y comiendo mejor. Quienes como yo han vivido una y mil veces esos arranques, comprenderán porqué lo comparo con esa temida cuesta del Chirripó.

El inicio es tremendamente difícil, y mucho. Estos días, por ejemplo, he tenido que discutir con mi almohada muchas veces si dejo la calidez de mi cama o si me levanto para ir a mover mi cuerpo al gimnasio. ¡Vieran qué discusiones! Por dicha, ya controlo más mis impulsos de seguir durmiendo una hora adicional y me decido a inyectar salud a mi organismo.

¿Y cuando aparecen algunas tentaciones? Aquel pedazo de pizza, un pastel de chocolate, el caramelo de leche que tanto me gusta, el arrocito fresco con frijoles recién hechos... ¡A volver la vista para otro lado!

Ahora soy consciente de que estoy subiendo uno de los termómetros más importantes de mi vida: el de mi ruta hacia la salud.

Como en el Chirripó, estoy segura de que vendrán planicies muy cómodas y frescas, pero también terrenos áridos y calientes, muy parecidos al área de los quemados repleta de los esqueletos de cientos de árboles que fueron destruidos durante uno de los tantos incendios en esa montaña. Llegar ahí al mediodía es uno de los sufrimientos extremos.

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A la entrada del parque, hace unos cinco años. Tenía 10 kilos de sobrepeso y tardé 9 horas en llegar a Crestones.
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A la entrada del parque, hace unos cinco años. Tenía 10 kilos de sobrepeso y tardé 9 horas en llegar a Crestones.
Sé que me tocará una cuesta como la del agua: estrecha, sombreada, pero muy, muy inclinada y extensa. Esa para mí será la ruta del mantenimiento. Sostenerme sin salirme del camino. Todos sabemos que esta es una de las partes más dura de un esfuerzo como este. Podemos arrancar, pero, ¿cuánto estamos dispuestos a mantenernos?

Probablemente, afronte una cuesta de los arrepentidos, igual a esa que los caminantes encuentran al final del trayecto y que debe su nombre a razones que ya se imaginarán. 

A pesar de todo, quiero llegar a esa cima.

La primera vez que subí el Chirripó, el día de la escalada final llovió a cántaros y la neblina y el frío se adueñaron de todo. Pero mi grupo siguió adelante. En una parte del camino, nos topamos con una pareja. "Mejor devuélvanse. Es muy peligroso. No verán nada", nos dijo el hombre. "¡Cómo! ¿Devolvernos después de llegar hasta aquí? ¡Por supuesto que no!", grité. Y seguí.

No me arrepentiré nunca de aquella decisión, aunque el miedo a caer por el barranco en la escalada final quería paralizarme. Cuando finalmente llegué, las nubes se abrieron, el sol salió y pude ver solo lo que se aprecia en aquellas alturas. No se lo contaré porque quisiera que usted algún día vaya si no ha ido aún. Y si ya lo ha hecho, tampoco se lo recordará porque quiero que sueñe con volver a ver ese paisaje como yo sueño con volverlo a ver pronto.

Todo aquello es muy parecido a lo que estoy viviendo.  Cuando uno ya está a punto de alcanzar la meta o la ha alcanzado ya en este reto de bajar de peso por salud, aparecen los saboteadores, los que te quitan el impulso, los que te llenan de miedo. "Esos" pueden estar alrededor de uno en forma de amigos, pareja, parientes, compañeros de trabajo. O pueden estar dentro, materializados en el miedo, la inseguridad o la pereza. Estos, créanme, son los peores.

No hay que hacerles caso. Hay que seguir hasta la cima. Lo que nos espera en esas alturas es maravilloso.

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¿Me acompaña a subir esta montaña?

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